Lunes, 19 de Octubre de 2026

"Me gusta el cine que indaga en el interior de los personajes"

ChileEl Mercurio, Chile 19 de octubre de 2026

El premiado realizador chileno mantiene su pasión por hacer películas. Sus planes son seguir filmando y levantar un proyecto inmobiliario-cultural en Chiloé, lugar que le fascina hace décadas. Siente que, pese a las dificultades, ha podido realizar muchos de sus sueños.

S ilvio Caiozzi nos recibe en sus amplias oficinas en un piso 11, en Holanda con Providencia. Allí están los afiches de sus grandes películas, premiadas en importantes festivales del mundo, y sus respectivos galardones en una vitrina, incluyendo el León de Oro que ganó en Cannes por el spot "Indio Firestone", con la inolvidable interpretación de Luis Alarcón ("Si camino no hablar..."). En un lugar especial está la Copa Volpi que Gloria Münchmeyer obtuvo en el Festival de Venecia por "La luna en el espejo".
El realizador, recién reconocido entre los 100 Líderes Mayores 2026, luce con el entusiasmo de siempre. Su vocación de hacer películas sigue intacta. La más reciente es "El viejo y el reloj cucú", un cortometraje protagonizado por Ramón Núñez, cuya idea surgió en pandemia. "Yo estaba en mi casa y empecé a sentir este encierro, esta soledad. De pronto escuché un 'tic tac' e imaginé esta historia". Es la de un hombre mayor, al que su hijo deja encerrado mientras sale a comprar. "Me metí en el tema de la vejez y en cómo se puede sobrevivir a través de la imaginación".
Con más de 50 años de trayectoria, Silvio Caiozzi pudo haber realizado su carrera en Buenos Aires, donde le ofrecieron su primer trabajo como director, o en cualquier otro país donde filmar fuera más fácil. Pero prefirió quedarse en Chile, porque aquí están las historias que quiere contar. "Pude haber hecho cine en otro lado; pero un cine con identidad, lo dudo. Aquí está la personalidad chilena, los personajes raros y contradictorios. A mí me gusta el cine que indaga en el interior de los personajes. Y eso solo puedo hacerlo aquí".
Silvio Caiozzi nació en Santiago hace 82 años. Sus padres, Silvio Caiozzi y Benita García, tenían una fábrica de pickles en la calle San Francisco con Franklin. Ambos eran hijos de inmigrantes: él, de italianos, y ella, de españoles. Silvio hijo era el primogénito y se crió casi como hijo único porque su único hermano, dos años menor, falleció por una enfermedad neurológica.
Desde que tenía tres o cuatro años, los padres de Silvio lo llevaban al cine con ellos porque, si no lo hacían, le daban unas pataletas tremendas. Así, creció viendo todo tipo de películas. A los 10 años, tomaba fotos de su propia sombra y de otras rarezas con una cámara Kodak de plástico. Luego, con la cámara de ocho milímetros de su mamá, empezó a hacer filmaciones en las que hacía actuar a un primo y a otros familiares. Al terminar el colegio, trabajó un par de años en la fábrica de sus padres. "Y no me gustó nada. No era mi mundo".
En ese tiempo, a mediados de los años 70, en Chile no había escuelas de cine. Decidió irse a estudiar al Columbia College de Chicago, porque allá sus padres tenían un conocido. Volvió en 1967, casado con la estadounidense Margareth Titus, madre de sus dos hijos mayores, Ian y Marcelo. El cortometraje que hizo para su titulación, "Incubus", quedó tan bien que después la universidad lo usó para su promoción.
De regreso en Chile, llevó "Incubus" a Protab, productora que hacía realizaciones para la naciente industria televisiva. Al día siguiente lo llamaron porque el director artístico de la empresa, Helvio Soto, quiso contratarlo como asistente de dirección. Así, empezó a relacionarse con grandes directores del cine chileno. Hizo la dirección de fotografía de "Caliche sangriento" (1969, Helvio Soto), de "Ya no basta con rezar" (1972, Aldo Francia) y de "Palomita blanca" (1973, Raúl Ruiz), entre otras.
Ya había ocurrido el golpe militar de 1973 cuando tuvo la oportunidad de dirigir su primera película: "A la sombra del sol", que codirigió con Pablo Perelman. La cinta se filmó en el pueblo nortino de Caspana, con la participación de sus habitantes y relató un hecho real, de corte criminal, que ocurrió allí en los años 40. Tras su estreno en 1974, lo vio muy poca gente, porque casi no tuvo difusión. Pocos días después del estreno, militares detuvieron a los jóvenes Carmen Bueno y Jorge Müller, que habían sido parte del equipo técnico, y no se volvió a saber de ellos. "Tomamos conciencia del nivel de dictadura en que vivíamos. Entonces, desapareció el tema de la película".
En esos años, Caiozzi se había asociado con Alberto Célery y Nelson Fuentes en una productora que hacía spots publicitarios. "Trabajábamos como locos y nos ganábamos todos los premios de publicidad. Pero nuestro objetivo era juntar lucas y comprar los equipos para poder hacer una película". Pasaron algunos años y ese momento llegó con "Julio comienza en julio", que se estrenó en 1979. No solo fue el renacer del cine chileno en esos años, sino que tuvo gran éxito de público. Era una historia de época, en blanco y negro, ambientada en el campo chileno, con Shlomit Baytelman, el adolescente Juan Cristóbal Meza y el empresario Felipe Rabat en los roles protagónicos.
El filme quedó seleccionado en la Quincena de Realizadores de Cannes y, además, ganó el premio a la Mejor Película en el Festival de Cine de Huelva, en España. Hasta allá llegó Caiozzi, quien no se atrevió a entrar a la sala la primera vez que se exhibió. "Me quedé en el lobby, atento a la reacción del público. Escuché el aplauso final y la gente empezó a salir. Un señor de barba blanca se acercó y me dijo: '!Felicitaciones¡ Soy José Donoso'".
El escritor chileno, entonces radicado en España, volvió a Chile pocos años después, y fue una persona clave en las siguientes películas de Caiozzi. En el intertanto, el cineasta se separó y se casó con la productora audiovisual Adela Cofré, con quien tuvo dos hijas, Andrea y Caterina.
En 1982, el grupo teatral Ictus le pidió a Silvio Caiozzi dirigir un mediometraje basado en el cuento de José Donoso "Historia de un roble solo". El resultado fue del gusto del escritor, quien se empezó a juntar con el cineasta a conversar ideas para una película. De ahí surgió "La luna en el espejo" (1990), que también fue un éxito de público y significó la Copa Volpi para la actriz Gloria Münchmeyer en Venecia.
En esos años, Caiozzi estuvo entre los cineastas que trabajaron intensamente para que se crearan las leyes de cine y de fomento audiovisual. Pese a ello, siempre le ha tomado años juntar los recursos para hacer sus películas. Su siguiente largometraje, "Coronación", basado en la novela de José Donoso, se estrenó en 2000, cuando el escritor ya había muerto. El filme recibió 36 premios internacionales y nacionales, entre ellos el de Mejor Director en el Festival de Montreal.
En 2004 estrenó "Cachimba", basada en una novela corta de José Donoso, también muy premiada en festivales internacionales. A esas alturas, Caiozzi se había vuelto a casar con la directora de arte Guadalupe Bornand, madre de su hija menor, Valentina, la única de sus hijos que se ha acercado al cine. Ella hizo la música de su siguiente película "Y de pronto el amanecer", ambientada en Chiloé, que estrenó 13 años después, en 2017.
-Usted trabajó por las leyes fomento audiovisual, pero después le ha sido esquiva la obtención de fondos. En un momento se dijo que no le daban fondos por ser muy "consagrado".
"Sí. Hay mucha envidia y también hay política entre medio, y yo nunca he sido político. En algún momento hubo una suerte de campaña que decía que yo había ganado muchas veces el fondo y no era así".
-¿A qué atribuye eso?
"Creo que hay envidias. Y no solo me ha pasado a mí. !La cantidad de chilenos exitosos que están fuera porque no pueden seguir trabajando aquí, por la envidia y el chaqueteo¡ Y esto se junta con que me tocó este cambio ideológico de la mentalidad millennial : la página en blanco, empecemos todo de nuevo, nosotros los jóvenes lo sabemos todo, somos prístinos; lo viejo no sirve para nada. Por suerte, ahora eso se está cayendo a pedazos".
Para su último largometraje "Y de pronto el amanecer" postuló tres veces a fondos en Chile, sin resultado. "Al final le pedimos a un amigo cineasta de Chiloé que presentara el proyecto a un fondo regional y lo ganó", relata. Aunque era un fondo más pequeño, pudieron hacer el filme, que implicó construir un pueblito del Chiloé tradicional. Compraron 16 casas antiguas y las trasladaron al terreno que adquirió Caiozzi para filmar la película. Bautizó ese lugar como Weltún y ha construido una suerte de museo al aire libre. "Mostramos la
vida del Chiloé antiguo; cómo era la vida de pescadores y artesanos".
Atrás de ese lugar, y sin afectarlo, creará una suerte de condominio que pondrá a la venta, posiblemente a fines de año. "Es el proyecto más grande que he hecho en mi vida, desde el punto de vista económico", asevera.
"Y de pronto el amanecer" ganó el Gran Premio de las Américas en el Festival de Cine de Montreal. Y confirmó el oficio de Caiozzi, quien trabajó cada plano con un virtuosismo que realza la belleza natural de Chiloé, lugar que le apasiona hace décadas.
-¿Cómo ve el paso de los años para su desarrollo como cineasta?
"Siempre he sentido que en mi desarrollo artístico ha habido magia. Me pasan cosas que yo no esperaba, y que parecen señalarme: 'Aquí está'. Entonces, siempre he tendido a esperar que eso pase, porque cuando he intentado presionar por algo, no me funciona. Mi vida está llena de situaciones mágicas".
-¿Cómo el tener mas años ha ido incidiendo en su carrera?
"Creo que la experiencia que uno va teniendo de hacer realidad estos sueños maravillosos, te va dando una seguridad en lo que tú haces. Me acordé de un dicho que viene de 'Martín Fierro', que mi madre adoraba: 'Si la juventud supiera y la vejez pudiera'. Es brillante. Y tan al revés de lo que ha estado pasando últimamente y vuelvo a lo de la página en blanco de los millennials ".
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