No solo salud y pensiones: las políticas públicas que requiere un país que vive cada vez más
El 79,2% de las iniciativas analizadas se concentra en salud, seguridad económica, cuidados y vivienda. Trabajo, educación, participación, derechos e inclusión digital reúnen solo el 20,8%. Expertos plantean que el desafío ahora es preparar al país para mantener la autonomía durante más años.
¿ Hacia dónde están mirando las políticas públicas en un país que envejece, como es el caso de Chile?
La respuesta: salud, pensiones, cuidados y vivienda. ¿La gran ausente? La empleabilidad: de 24 propuestas de política pública recientes generadas en el país, solo una aborda explícitamente la posibilidad de que las spersonas mayores puedan seguir trabajando.
El hallazgo es parte del estudio "Longevidad en Chile: Brechas y oportunidades para una acción intersectorial en políticas públicas", elaborado por el Centro UC Estudios de Vejez y Envejecimiento (CEVE) junto a ILC Inversiones y presentado en el seminario "Chile 100: Construyendo juntos la nueva longevidad".
La investigación revisó 814 iniciativas públicas e identificó 82 vinculadas al envejecimiento y la longevidad. Por un asunto metodológico, el análisis se concentró en 53 propuestas. El 79,2% está en cuatro áreas: salud y funcionalidad, seguridad económica, cuidados y dependencia, y entorno, vivienda y accesibilidad. Las otras cinco -trabajo, educación, participación, derechos e inclusión digital- suman 20,8%.
"Ya que sabemos que esto es lo bueno que está instalado y que contribuye tanto a la calidad de vida de los mayores, ¿pero cómo podemos mejorar las otras áreas en las que hemos estado más ausentes? ¿Cómo diversificamos?", plantea Sara Caro, investigadora del CEVE y parte del equipo del estudio.
Entre esas áreas está la educación. "Necesitamos preparación, necesitamos especialización a lo largo de la vida", dice Caro. El cambio, explica, también debe llegar a la formación profesional: "Los arquitectos y trabajadores de la construcción deberán pensar en viviendas adaptadas a una población que envejece. Los profesores y universidades también y deberán incorporar el aprendizaje durante toda la vida (...). Otras áreas como el periodismo y las ciencias sociales deberán comprender mejor esta nueva realidad".
En trabajo, la brecha es mayor: de las 24 iniciativas comparables revisadas, solo una considera explícitamente las trayectorias laborales en edades avanzadas. "Las personas cuando quedan sin trabajo a los 50 o a los 55 luego no pueden encontrar un nuevo trabajo", afirma Caro.
Daniel Mas, ministro de Economía, Fomento y Turismo, plantea que esto también implica un costo para el país. "Durante años hemos hablado del envejecimiento casi exclusivamente como un costo. Costo previsional, costo sanitario, costo fiscal. Tenemos que cambiar esa mirada", señala.
Para Mas, se requieren formación continua, capacitación digital, puestos adaptados, mentorías intergeneracionales y mayor flexibilidad laboral. "Incorporar a las personas mayores a la vida económica no es caridad. Tampoco es simplemente responsabilidad social empresarial. Es sentido común económico".
Una mirada similar plantea Iñaki Ortega, consejero asesor del Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre España. "Los séniors son una oportunidad económica", afirma. Ortega menciona experiencias de países como Suecia, Alemania y Japón, donde se han desarrollado distintas fórmulas para extender la participación laboral y adaptar el trabajo a vidas más largas.
Educación continua
Las universidades también deberán adaptarse. Francisco Gallego, prorrector de Gestión Institucional de la UC, plantea avanzar hacia el lifelong learning, un modelo en que las personas regresen a estudiar en distintos momentos de su vida.
La UC, cuenta, tiene entre sus proyectos "crear una universidad para las personas mayores". Una de las experiencias que ya desarrolla es Aulas con Trayectorias, que incorpora a mayores a clases regulares junto a estudiantes universitarios.
Gallego también apunta a la formación de especialistas para una población que envejece. "Hay lugares en Chile que no hay más geriatras", advierte.
Desde Desarrollo Social, la ministra María Jesús Wulf plantea que esta preparación debe comenzar antes de llegar a la tercera edad. "Tenemos que adelantarnos a las generaciones que ya tienen 40, 50 años a que puedan vivir esos años (...) con independencia, con oportunidades laborales, con autonomía", señala.
La nueva Ley Integral de las Personas Mayores establece la elaboración de una Política Nacional de Envejecimiento. "Necesitamos un enfoque de derechos, de autonomía, de participación", agrega Wulf.
Las diferencias también aparecen entre hombres y mujeres. Roberto Méndez, académico de la Escuela de Gobierno UC, puso el foco durante un momento del seminario en los hombres mayores. Según señaló, la tasa de suicidio es de "1,5 en las mujeres y 30,5 en los hombres".
Caro explica que hombres y mujeres llegan a esta etapa después de procesos de socialización distintos. "Las mujeres, dice, suelen construir durante su vida redes diversas entre amigas, familia, vecinas y espacios de participación. A la vez, viven más años y llegan a la vejez con otras desventajas, entre ellas menores pensiones, una mayor carga histórica de cuidados y peores condiciones de salud".
Los vínculos también son parte de la salud, plantea May Chomali, ministra de Salud. Familia, trabajo, organizaciones sociales, barrios y comunidades pueden marcar cómo se envejece. "El envejecimiento saludable se hace ahí, en la convivencia, en el sentido de pertenencia, en el sentido de que soy útil, de que alguien me necesita, de que tengo un propósito".
"Si nos volvemos a encontrar en octubre de 2029 y podemos decir que más personas piensan que estamos preparados para la vejez, estaríamos cumplidos", señala Chomali.