Una banca para vidas más largas
D urante décadas ordenamos la vida en tres etapas: aprender, trabajar y retirarse
D urante décadas ordenamos la vida en tres etapas: aprender, trabajar y retirarse. La longevidad está desdibujando esas fronteras. Chile no solo envejece: vive más. Y vivir más plantea nuevos desafíos: cómo preservar la autonomía de las personas a lo largo de su vida y cómo construir instituciones, incluida la banca, capaces de adaptarse y acompañarlas en sus distintas etapas.
Hacia 2050, casi una de cada tres personas en Chile tendrá 60 años o más. La pregunta no es solo cómo responderemos a ese cambio, sino si nuestras instituciones están preparadas para acompañar vidas más largas.
Para la banca, el desafío es concreto. La edad ha operado como una aproximación de la capacidad de pago o la autonomía digital. En una sociedad longeva, esa simplificación puede excluir. No se trata de desconocer los riesgos, sino de medirlos mejor. Cumplir 60 o 65 años no significa dejar de trabajar, invertir, ayudar a la familia o emprender. La edad cambia; los proyectos, no necesariamente.
En BancoEstado conocemos esta realidad. Atendemos al 85% de las personas mayores del país, que constituyen el 21% de nuestros clientes. Son más diversas de lo que sugieren los estereotipos: el 45% utiliza nuestra aplicación y el 90% cuenta con tarjeta de débito, lo que implica una rápida adaptación a los productos financieros disponibles.
Esta realidad exige adaptarse. Hemos actualizado criterios de evaluación por edad, reducido requisitos innecesarios y ampliado seguros e incentivos al ahorro, buscando que nuestra oferta financiera responda mejor a proyectos y necesidades que también se extienden a lo largo de vidas más largas.
La transformación digital plantea otro desafío. La tecnología genera valor cuando amplía capacidades, no cuando crea dependencia. Por eso impulsamos alfabetización financiera y digital, diálogos regionales y una alianza con Senama para fortalecer la autonomía económica de las personas mayores.
Digitalizar no significa abandonar la atención presencial. Mantenemos nuestra red y un Programa de Atención Universal que reduce barreras físicas, tecnológicas y digitales. Inclusión no es imponer un canal: es poder elegir.
En el centro de este esfuerzo hay una palabra: autonomía. La inclusión financiera no consiste solo en tener una cuenta o una tarjeta. Consiste en comprender, comparar, decidir, protegerse frente al fraude y pedir apoyo sin entregar el control de las propias decisiones.
Sería un error mirar la longevidad solo como un costo. Las personas mayores trabajan, emprenden, consumen, ahorran, cuidan y transmiten experiencia. Una economía que solo observa sus riesgos pierde la capacidad de aprovechar nuevas oportunidades.
Chile ya comenzó a vivir más. El desafío es que sus instituciones aprendan a la misma velocidad y que los años ganados sean también más años para decidir, crear y seguir aportando al país.