Se estrenó en cines uruguayos, "Narciso", el drama ganador de premio en Berlín que es lo último de Marcelo Maranessi, quien charló con El País
Con su segunda película, Narciso, que está en cartel en Uruguay, Marcelo Martinessi confirma lo que había quedado en claro con Las herederas: que es uno de los directores latinoamericanos con mayor proyección en festivales internacionales.
Martinessi es paraguayo y su cine propone una reflexión universal a partir de algunas características esenciales de su país. En Las herederas, estrenada en 2018 y ganadora de importantes premios en Berlín y San Sebastián, contaba la historia de una pareja de señoras de la alta sociedad paraguaya que debían enfrentarse a prejuicios de todo tipo.
Ahora, en Narciso que ganó el premio de la Federación Internacional de Críticos de Cine en la categoría Panorama del Festival de Berlín, cuenta la coincidencia entre la llegada del rock and roll y la asunción al poder de Alfredo Stroessner, el dictador que gobernaría el país hasta bien entrada la década de 1980.
En ese panorama, Narciso (Diro Romero) regresa de Buenos Aires trayendo la llama de la nueva música joven. Así se convierte en una figura de la radio y, al ritmo de Buddy Holly y Chuck Berry, en una amenaza para la conservadora sociedad paraguaya. Fue demasiado y Narciso fue asesinado en un crimen que revela secretos y deseos detrás de esa fachada oscura y que nunca fue resuelto.
Martinessi se basó libremente en una novela de Guido Rodríguez Alcalá que cuenta la historia de Bernardo Aranda, aquí convertido en Narciso.
Hay participación uruguaya es una de las última película producida por Agustina Chiarino, la cineasta uruguaya fallecida este año. También figura como productor y editor Fernando Epstein.
El País charló con Martinessi sobre Narciso, cómo recibe Paraguay sus películas, y la razón de su cine
https://www.youtube.com/watch?v=T38km4E3S1w Sus dos películas empiezan con el encuadre limitando lo que podemos ver. ¿Es su cine una manera de mirar a hurtadillas, de observar aquello que no se suele mirar?
Siento que hay un deseo de poder espiar, sí, en el buen sentido de la palabra. Paraguay es un país que históricamente nunca se narró ni se miró a sí mismo. Siempre se vio en espejos rotos y, por eso, no consigue tener una imagen propia completa. Siento que las dos películas tienen un poco de eso: de tratar de hurgar en algo y hacerlo también con cierta desobediencia. Abordar temas sexuales, de conquistas y libertades en un país al que la inercia lleva todo el tiempo hacia procesos más conservadores, hacia procesos autoritarios, es una forma de desobediencia.
¿Y eso hace que sea un cine necesario? No tiene mucho sentido hacer en Paraguay un cine que no se anime a romper un poco esa inercia, así como lo hace el propio personaje de esta película, que trae una nueva forma de moverse a un país entumecido.
¿Cómo son recibidas sus películas en su país? Las herederas tuvo una muy buena recepción fuera del país, pero en Paraguay hubo cierta resistencia, sobre todo de grupos de poder que levantaron contra la película la bandera de la moral. Cuando alguien propone algo nuevo, empujar a una sociedad o ayudarla a ir hacia el futuro, aparece un movimiento fuertísimo en Paraguay que quiere volver atrás. Las herederas tuvo mucha resistencia en el Senado paraguayo. Había gente que les gritaba "lesbianas" a las actrices. Algo muy vergonzoso.
¿Y eso no ha cambiado desde entonces? Alguna gente que tiene un poco más de vergüenza de ser abiertamente homofóbica, y las actitudes clasistas y racistas están un poco más discretas, pero eso no quiere decir que no existan bajo la superficie. Paraguay no tiene una ley contra toda forma de discriminación. Eso se debe, sobre todo, a que quienes proponen la ley quieren que incluya la orientación sexual y las autoridades que podrían aprobarla dicen: "Quiten de aquí la orientación sexual y aprobamos la ley". Es así de básico. Paraguay es un país muy tímido. Por eso siento también la necesidad de hacer una película que, de alguna forma, es pudorosa. En Paraguay, represión y deseo son la misma cosa.
¿Cómo trabajó la fotografía y la edición? La oscuridad fue un deseo que teníamos. Era un país que metiéndose de a poco en una oscuridad que duraría 35 años. Para mí, no iba a ser la misma película si la filmábamos de día. Trabajo hace más de 20 años con Luis Arteaga, que es el director de fotografía, y con Carlos Patuza, que es el director de arte. Fue como componer una película de fantasmas, porque hay algo muy fantasmal que la recorre, quizá con mayor acento en algunos momentos, sobre todo alrededor del personaje de Narciso. Son personajes que habitan un mundo sumamente oscuro. La primera impresión de Fernando Epstein, el montajista, fue muy fue para mí. Fue la primera persona que impulsó a que probáramos cosas. Había un guion escrito, con escenas que estaban en la película y un montón de escenas o momentos nuevos que filmé por el camino. Casi siempre trato de que el rodaje tenga espacio para existir, para nutrir la película. Fue un proceso de montaje de varios meses con Fernando, primero en Montevideo. Después volví a Paraguay y trabajamos a distancia.
La productora es Agustina Chiarino y Narciso es una de sus últimas películas. ¿Puede hablarme de eso? Más que una colaboradora, Agustina fue una entusiasta de las películas y de sus posibilidades. Siento que el estreno en Uruguay es particularmente especial. Agustina desarrolló, a pesar de su juventud, una carrera impresionante. Que Narciso sirva para poner el foco en su carrera y en su apoyo.
Volvió a Berlín con la película, después de ocho años. ¿Cómo encontró el mundo? El mundo cambió mucho en ocho años. Me doy cuenta de que debería haber hecho la película más rápido: ocho años fueron mucho tiempo para mí. Hay cosas que cambiaron, pero también hay otras que permanecen. Las charlas sobre Las herederas giraban mucho en torno al movimiento #MeToo. La película se estrenó en un momento en que tenía mucha fuerza mediática. Como era una película de mujeres, todos los comentarios giraban alrededor de eso. Ahora me pasa algo parecido con Narciso. Tanto en España como en Brasil con una inestabilidad política feroz y elecciones a la vista, todos los debates giran en torno al miedo de un gran sector de esas sociedades a volver a sumergirse en la oscuridad. Me hubiese gustado, sinceramente, tener más conversaciones sobre la estética de Narciso, porque creo que es una película que tiene muchas cosas de cine para discutir.
¿Cuál fue la película que le hizo pensar que quería ser director de cine? Hay muchas películas, pero pienso rápidamente en Las lágrimas amargas de Petra von Kant de Fassbinder porque me hizo pensar que yo podía hacer eso, no se veía tan caro y complicado. Y también John Cassavetes.
¿Cómo está el cine? Se están haciendo películas muy parecidas. Con Narciso decidí no irme hacia nada en particular, sino hacer el guion que me salía de la cabeza a partir de un libro que es una novela, pero que a la vez no lo es, porque también es un ensayo político sobre el Paraguay de los años cincuenta. Quise probar qué salía. Después de Las herederas, la comunidad internacional que financia cine nos dio un cheque en blanco para hacer lo que quisiéramos. Y eso es lo que hicimos con Narciso.
¿Y le renovaron el cheque ahora? Vamos a ver. Tengo que empezar a presentarme a los fondos y ver qué reacción hay. Pero me parece que la forma de hacer cine está cambiando mucho. No sé si una película tan grande como Narciso, que finalmente es una película muy grande, sobre todo para Paraguay, va a poder seguir haciéndose con este modelo. Quienes hacemos cine estamos todos tratando de hacer revivir un animal que, para mucha gente, está muerto.