Yo confío en Abascal
Atrae a los jóvenes, es decir al electorado que la izquierda creía suyo y que hoy comienza a darle la espalda.
Soy militante y afiliado del Partido Popular Español desde hace años. Un partido que ha dado muchísimo por España, y que representa lo mejor del espíritu de la transición.
Las próximas elecciones plantean a los españoles un gran desafío cargado de consecuencias: poner fin a un gobierno ideológico, autoritario, y afín a todo lo políticamente perverso que existe en el mundo.
Para esto resulta absolutamente necesario aunar esfuerzos con Vox, y con su líder Santiago Abascal.
Los rojos llevan años sosteniendo que pactar con Vox es pactar con el abismo. Cuando el abismo son ellos mismos. Vaya ironía. Conviene mirar los hechos, que lo explican todo.
Vox acata los resultados electorales. Santiago Abascal conoce en primera persona el terrorismo de ETA y sus herederos: creció en una familia amenazada y durante años tuvo que ir con escolta. Nadie -mucho menos Sánchez- puede darle lecciones sobre lo que es defender la democracia. Es fiel custodio de la Constitución del 78 y de la igualdad de todos los españoles frente a los privilegios territoriales. El y su electorado han salido de nuestra raíz, de la del PP, en donde militó muchos años. Sabe cogobernar, como lo demostró firmando acuerdos que han garantizado presupuestos y estabilidad en algunas autonomías. Ha demostrado seriedad negociando programas previo a hablar de cargos. Las cuentas mandan: sin Vox no hay alternativa a Sánchez, y nuestro propio candidato Feijóo ha descartado la ridiculez de agraviar con un cordón sanitario a una fuerza comprometida con la democracia. Además atrae a los jóvenes, es decir al electorado que la izquierda creía suyo y que hoy comienza a darle la espalda.
Cordón sanitario si merecen los socios de Sánchez. Junts, cuyo líder huyó de la justicia tras un intento de secesión y arrancó una ley de amnistía a cambio de sus votos. ERC, que nunca renunció a la independencia. Bildu, heredera política de Batasuna, que ha llevado en sus listas a condenados por pertenencia o colaboración con ETA. Esos son los que sostienen a Sanchez: una coalición unida por la voluntad de desguazar a España a cambio de poder.
Si el 29 N gana la alternativa, una de sus primeras tareas debería ser derogar la Ley de Memoria Democrática. La Transición se construyó sobre un pacto de reconciliación -la Ley de Amnistía de 1977, votada también por la izquierda- en el que los españoles decidieron no usar a sus muertos como arma recíproca. Han roto ese pacto y han sustituido la concordia por la trinchera. Bajo la apariencia de reparación, presentan un relato selectivo que deja en penumbra Paracuellos, las checas, el asesinato de miles de religiosos y la persecución política efectuada por el bando republicano.
El Estado no puede y no debe dictar una verdad oficial sobre la historia y menos usarla para dividir a los vivos. La memoria parcial no es memoria: es propaganda. Y la propaganda guerracivilista solo sirve a quien necesita enemigos para ocultar su corrupción y su dependencia de quienes quieren romper a la nación.
España no necesita volver a 1936. Necesita un Presidente como Feijoo que gobierne para todos, con buenos socios que crean en España. Abascal es uno de ellos, porque es un gran demócrata.