Del vaivén a la templanza
Esta semana el cielo no se decide
Esta semana el cielo no se decide. Amanece con sol, a mediodía se oscurece, prendo las luces y vuelve el sol. Más tarde, cae un chaparrón con truenos y una hora después, sol otra vez. Un vaivén de clima.
Y este vaivén me persigue. Sigo las noticias de España, de Francia o me fijo en cualquier conversación en Chile, y concluyo que se está de un lado o del otro. Sin matices. Otro vaivén.
Por eso propongo (y me propongo) cambiar el switch del vaivén a la templanza.
¿Cómo se llega ahí? Reviso mis apuntes de la pandemia, donde estos temas me consumían durante el lento paso del tiempo de esos días. Y ahí encuentro que la templanza es esperar antes de responder. Es escuchar al que piensa distinto sin preparar la réplica mientras habla. Me aconsejo a mí misma, en esos escritos, que debo desconfiar de lo que indigna demasiado rápido (recordemos que estábamos en pleno estallido). Puse que me templaba mirar la cordillera y me hacía bien aceptar que a veces no tenía una opinión inmediata y que eso era bastante sensato.
En fin. En medio de tanta tormenta, la templanza es el único refugio que conozco. Y ojo, no es esconderse sino que quedarse de pie mientras todo se mueve...