América Latina debe pesar tanto como produce en palma sostenible
América Latina tiene con qué liderar el futuro del aceite de palma sostenible
América Latina tiene con qué liderar el futuro del aceite de palma sostenible. Cuenta con productores, conocimiento y resultados. El reto es conseguir que esa experiencia tenga mayor peso en las decisiones que definen el rumbo del sector. No podemos conformarnos con cumplir estándares. Debemos participar en su construcción, aportar desde nuestra realidad productiva y asegurar que las exigencias ambientales y sociales se traduzcan en avances sostenibles en el campo. La región debe ser protagonista de las decisiones que afectan su presente y su futuro. Quienes trabajamos la tierra sabemos que la sostenibilidad se demuestra todos los días: en el cuidado del suelo y el agua, en las condiciones laborales, en la protección de los ecosistemas y en las oportunidades para las comunidades rurales. También se demuestra cuando un pequeño productor encuentra en la palmicultura una actividad viable y un futuro para su familia. Una certificación tiene valor cuando respalda esa realidad y reconoce el esfuerzo de quienes la hacen posible. Un sistema de certificación cumple su propósito cuando facilita que más productores alcancen sus requisitos y puedan obtener reconocimiento económico por sus avances. La sostenibilidad debe ser una oportunidad de transformación, no una barrera que excluya a quienes necesitan acompañamiento. En el Grupo Daabon llevamos más de quince años recorriendo ese camino con la RSPO. En 2010 obtuvimos la primera certificación de un cultivo de palma en Colombia y la región. En 2017 fuimos el primer productor del mundo en alcanzar el estándar RSPO NEXT, integrando directamente a 122 pequeños agricultores a las cadenas globales de valor. Estos hitos representan experiencia y aprendizajes, pero también la responsabilidad de convertir los logros empresariales en oportunidades regionales. Esa experiencia nos ha enseñado que la inclusión requiere más que voluntad. Un pequeño palmero necesita reglas claras, acompañamiento técnico, financiación y una ruta viable para certificarse. También necesita procesos oportunos y mecanismos que comprendan las condiciones reales de su operación. Si queremos que la sostenibilidad gane escala, debemos resolver estas dificultades. La ambición de los estándares debe ir acompañada de la capacidad práctica para implementarlos. Por eso, la representación latinoamericana en la RSPO debe tener una agenda concreta y rendir cuentas sobre sus resultados. Escuchar a los productores no puede ser una actividad ocasional. Sus dificultades deben llegar a los espacios de decisión, convertirse en propuestas y regresar al territorio en forma de respuestas. Representar significa conectar las necesidades del campo con las decisiones institucionales. Para los próximos dos años, propongo tres prioridades. La primera es agilizar la gestión de casos y los procesos de certificación para los productores de la región, con atención en horario local, comunicación en nuestro idioma y decisiones oportunas desde la oficina que inauguré en 2012. La cercanía institucional debe facilitar la resolución de dificultades y reducir demoras innecesarias, para que los productores concentren sus esfuerzos en mejorar sus prácticas y cumplir los estándares. La segunda es institucionalizar dos encuentros anuales con cultivadores de América Latina para identificar prioridades regulatorias y llevar propuestas unificadas a la Junta Directiva. Estos espacios deben reconocer las diferencias entre países y modelos productivos, sin perder de vista los desafíos comunes. Una representación sólida escucha, construye posiciones sustentadas y vuelve al territorio con respuestas sobre los avances y compromisos. La tercera es movilizar cofinanciación para acompañar a más de 300 pequeños palmeros y 2.500 hectáreas en sus rutas de certificación. La inclusión necesita recursos, asistencia técnica y seguimiento. Para alcanzar esta meta debemos articular esfuerzos entre productores, gremios, empresas y aliados institucionales, evitando que los costos y las capacidades requeridas recaigan exclusivamente sobre los agricultores. Estas prioridades responden a una misma convicción: el liderazgo se demuestra abriendo oportunidades, resolviendo problemas y respondiendo por los compromisos asumidos. No basta con tener representación en los espacios de decisión; hay que mostrar qué cambia gracias a ella, a cuántos productores beneficia y qué barreras logra remover. Desde Daabon queremos poner nuestra experiencia al servicio de esa tarea. Sabemos que los logros de una empresa no sustituyen una agenda regional. Debemos trabajar con productores y gremios para construir posiciones que reflejen la diversidad y las necesidades de nuestra palmicultura. América Latina tiene la experiencia para asumir un papel más decisivo en el futuro del aceite de palma sostenible. Nos corresponde organizarnos, presentar propuestas y sostenerlas con resultados. Producimos, invertimos y respondemos todos los días en el campo. Es hora de que esa experiencia tenga el peso que merece donde se toman las decisiones.
Felipe Guerrero
Vicepresidente Ejecutivo?Grupo Daabon.