Lula y los mercados
A la luz de la situación fiscal, es razonable que los mercados cuestionen la credibilidad del gobernante reelecto.
El sorpresivo triunfo del actual Presidente, Lula da Silva, en Brasil ha generado incertidumbre en los mercados, expresada tanto en una caída que llegó a más del 16% en el principal índice bursátil de ese país, la que inclusó llevó a una suspensión de las transacciones -finalmente, el índice cerró con una baja del 13%-, como en un retroceso de 10% del real brasileño respecto del dólar.
Los desafíos económicos de Brasil son inmensos, reflejados en una tasa de crecimiento del producto baja -especialmente si se considera el también bajo ingreso per cápita- y en una situación fiscal de alto estrés: el déficit fiscal se ha ampliado groseramente en los últimos tres años, rozando el 9% del PIB en 2026, mientras que la deuda pública se empina a casi el 100% del producto. A la luz de su historial y de sus más que generosas promesas de campaña, es muy difícil pensar que el mandatario reelecto vaya a tener la capacidad de reordenar las finanzas públicas.
Las dudas de los mercados respecto de la política fiscal del Presidente Lula da Silva no son nuevas. En su primer gobierno, la deuda pública era alta y sus planes de consolidación no eran creíbles. El éxito de esa administración -que lo instaló como un gobernante razonable en estas materias y facilitó su primera reelección- estuvo estrechamente vinculado con el auge mundial de los commodities a partir de 2003, que alivió la situación fiscal de Brasil sin que se implementara un mayor esfuerzo por contener gastos. Este mismo fenómeno fue el que catapultó a Hugo Chávez en Venezuela y al matrimonio Kirchner en Argentina, quienes también gozaron de una bonanza económica, aun siguiendo políticas fuertemente estatistas.
En este sentido el actual período de Lula en el poder, iniciado con su retorno al gobierno, en 2023, da mejor cuenta de cuál es su real compromiso en estas materias. Y es que aunque resulta valioso reconocer que la responsabilidad fiscal es fundamental, los hechos -evidenciados en las mencionadas cifras de déficit y deuda pública- no acompañan aquella declaración de principios. Por lo mismo, es razonable que los mercados cuestionen hoy su credibilidad.
Desafortunadamente para Brasil, todo esto se produce en un momento en el cual los mercados globales están especialmente nerviosos con los altos niveles de deuda alcanzados por diversos países. Aunque hasta ahora el foco ha estado puesto en naciones desarrolladas, es difícil pensar que la tensión financiera no llegará también a países en desarrollo con similares problemas. De acuerdo con un informe de Goldman Sachs, un banco de inversión de Estados Unidos, el déficit fiscal proyectado para Brasil sería cercano a 8% del PIB en 2027 y 2028, lo que es difícil de sostener en las condiciones actuales de deuda y de tasas de interés. Los nombramientos, en los próximos días, del equipo económico que acompañará a Lula en su cuarto mandato serán claves para reevaluar su política fiscal.