Martes, 27 de Octubre de 2026

La crisis del Estado de bienestar

ColombiaEl Tiempo, Colombia 27 de octubre de 2026

Víctor Muñoz
La promesa de proteger a la población de la enfermedad, la vejez y la pobreza, se convirtió en una competencia de los políticos por ofrecer beneficios sin decir quién los paga

Víctor Muñoz
La promesa de proteger a la población de la enfermedad, la vejez y la pobreza, se convirtió en una competencia de los políticos por ofrecer beneficios sin decir quién los paga. El Estado de bienestar tiene un problema de financiamiento, de productividad y de responsabilidad política. Se prometieron derechos permanentes con ingresos que no lo eran, y se usó la deuda para aplazar la discusión. En América Latina hemos vivido está película. Subsidios que se quedan después de la emergencia, burocracias que crecen más rápido que los servicios, y pensiones que prometen más de lo que pueden recaudar. Argentina llevó el modelo al extremo: déficits permanentes, endeudamiento y emisión terminaron comiéndose el ingreso de quienes se decía proteger. Debemos ser claros en que NO toda la deuda viene del gasto social. Las crisis, la corrupción y las malas inversiones también pesan. Pero financiar gastos recurrentes con préstamos tiene un efecto particular: permite presentar como generosidad lo que en realidad es una cuenta que se le pasa a otro. El gobernante de turno se lleva el aplauso. El siguiente recibe la factura. Al final pagan los contribuyentes y las empresas. El problema no es solo latinoamericano. Francia cerró 2025 con una deuda pública por encima del 115% del PIB. El envejecimiento y las pensiones le están cerrando el margen. Reformar resulta políticamente explosivo porque cada beneficio tiene quien lo defienda y el costo futuro siempre parece lejano. La democracia queda atrapada entre promesas difíciles de pagar y reformas difíciles de aprobar. España es otro caso para analizar. Su deuda pública ronda el tamaño de su economía y la población envejece. El Banco de España ha advertido sobre la presión fiscal que genera esa transformación. Una economía necesita suficientes trabajadores productivos para sostener lo que promete. Ningún truco presupuestal reemplaza esa base. También cambió la relación entre el ciudadano y el Estado. Ahora se le pide que responda por casi cualquier dificultad, que compense cada pérdida y que arregle cualquier fracaso. La responsabilidad individual casi desapareció del discurso, y a la política le conviene administrar esa dependencia. Ayudar a quien tiene una barrera real es necesario. Convertir cada obstáculo en un gasto permanente termina debilitando la capacidad de ayudar de verdad. Reconstruir el bienestar exige focalizar las ayudas, medir resultados, cortar privilegios y ampliar el empleo formal. Cada promesa debería decir de dónde sale la plata y quién la paga en el tiempo. El éxito de un gobierno se debería medir, sobre todo, por cuántas personas logran vivir de su trabajo y dejan de depender de la asistencia. Cuando la deuda sustituye a la productividad, el bienestar de hoy se vuelve la factura de mañana. Colombia tiene ahora la oportunidad de reducir la dependencia de subsidios que dejó el gobierno Petro y concentrarse en lo que sí saca a la gente de la pobreza: productividad y crecimiento económico.
Emprendedor, investigador, analista.
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