Segundas oportunidades para el crédito
Luz Magdalena Salas
La semana pasada, en el congreso de Asomicrofinanzas, insistí en una idea: un mal momento financiero no debería definir para siempre la capacidad de pago de una persona
Luz Magdalena Salas
La semana pasada, en el congreso de Asomicrofinanzas, insistí en una idea: un mal momento financiero no debería definir para siempre la capacidad de pago de una persona. Quien perdió el empleo o vio caer las ventas de su negocio puede haber dejado de pagar después de años de cumplimiento. Si logró superar esa dificultad, ¿qué necesita para volver al crédito formal? La pregunta importa para millones de colombianos. Según Banca de las Oportunidades, con corte a 2024 había 5,8 millones de adultos por rebancarizar. Algunos ya recuperaron sus ingresos y podrían asumir una nueva obligación. Otros siguen en dificultades y necesitan soluciones que un préstamo, por sí solo, no les dará. Bajo una misma cifra hay situaciones que requieren respuestas distintas. Dar esas segundas oportunidades exige reconocer que borrar la información sobre un incumplimiento no equivale a recuperar la capacidad de pago. Aunque abramos de nuevo la puerta del crédito, si la persona recibe una obligación que no puede atender, el regreso puede terminar en otra caída. Con el borrón y cuenta nueva aprendimos que facilitar el acceso por un tiempo no garantiza la permanencia en el sistema. Un estudio de ANIF muestra un deterioro en la mora de los nuevos créditos y una reducción en el crecimiento de los desembolsos asociados con la medida, resultados que invitan a pensar mejor cómo facilitar el regreso sin dificultar el acceso de otros. Para quien no tiene una vivienda o un activo que ofrecer como garantía, su trayectoria de cumplimiento es una carta de presentación que debemos valorar. Al mismo tiempo, el historial debería permitir reconocer cómo cambió su situación después de la mora, si se puso al día y si hoy cuenta con ingresos para sostener una nueva cuota. Sin embargo, mientras contabilizamos quién dejó de pagar, cuánto debe y desde cuándo está en mora, conocemos menos sobre quién volvió al crédito, en qué condiciones lo hizo y qué le permitió mantenerse al día. Esa falta de información limita nuestra capacidad de aprender de las segundas oportunidades que sí funcionan y de ofrecerlas a quienes podrían aprovecharlas. Por eso quisiera invitar a todos los que otorgan crédito, desde las entidades financieras hasta el comercio, las fintech y las empresas de telecomunicaciones, a seguir las trayectorias de quienes dejaron de pagar. Entender qué ocurre después del incumplimiento ayudaría a reconocer cuándo alguien está listo para volver, ajustar los montos y las cuotas a su situación y acompañarlo durante ese regreso. Creo en las segundas oportunidades porque las personas pueden recuperarse y su historial debería reflejar también esa recuperación. Pero para que funcionen, debemos reconocer cuándo una persona está lista para volver y ofrecerle un crédito que pueda pagar.
Vicepresidente de ANIF.