En las manos de Dios
¿Qué significa que un hombre esté en las manos de Dios? No que esté a salvo del sufrimiento, ni que la fe lo vuelva invulnerable
¿Qué significa que un hombre esté en las manos de Dios? No que esté a salvo del sufrimiento, ni que la fe lo vuelva invulnerable. La enfermedad nos recuerda que la vida, incluso la de quienes tienen la responsabilidad de orientar a otros, es frágil. Pero ¿por qué esa fragilidad se manifiesta en él y no en otro? ¿Qué podemos aprender de ello?
Pensando en León XIV, la pregunta surge inevitablemente. ¿Por qué él y no quienes parecen vivir convencidos de su poder, ajenos a sus propios límites? ¿Por qué la enfermedad alcanza a unos y no a otros? No tenemos respuesta. Lo cierto es que el sufrimiento no parece obedecer a una justicia que podamos comprender.
La fragilidad que se manifiesta en un hombre nos concierne a todos. Nos recuerda que nadie está fuera de la condición humana. Esa misma fragilidad reclama cuidado y, sin embargo, tantas veces encuentra violencia. Allí donde reconocemos a alguien expuesto al dolor podemos descubrir nuestra propia humanidad o ejercer sobre él nuestro poder.
Tal vez la pregunta no sea por qué le sucede esto a León XIV, sino qué nos revela su vulnerabilidad. ¿Qué hacemos con la fragilidad ajena: la cuidamos o la sometemos? Estar en las manos de Dios no significa estar a salvo de todo mal. Quizás signifique reconocer que, precisamente porque la vida es frágil, somos responsables unos de otros.