El síndrome de la cabaña
El Prócer me comenta que, según leyó en un artículo, en Estados Unidos en los últimos años ha caído dramáticamente la recepción de familiares o amigos en las casas
El Prócer me comenta que, según leyó en un artículo, en Estados Unidos en los últimos años ha caído dramáticamente la recepción de familiares o amigos en las casas. "Mira, la proporción de estadounidenses que dicen recibir invitados en su hogar al menos una vez al mes ha caído un 70%. Se aventuran diversas explicaciones. Una es que se debería a que la gente tiene hoy menos tiempo libre y está más agobiada. Otra lo adjudica a que las mujeres, anteriormente a cargo de estas invitaciones, ahora se han incorporado al mundo del trabajo y están igual de agobiadas que sus parejas. También lo atribuyen a que es más atractivo estar solos en las casas, ya sea viendo series o películas o inmersos en las redes sociales. ¿Y cómo estamos por aquí? ¿Cuándo fue la última vez que invitaste a amigos?". La pregunta me cala hondo. He de reconocer que, después de la pandemia, me ha sido muy difícil retomar el hilo de las invitaciones, y además he recibido muy pocas, por lo que no he tenido el deber de retribuirlas. "Te veo complicado en responder", me dice, "pero no te preocupes, a mí me pasa igual y creo que ya estoy perdiendo la costumbre, lo que es triste, ya que implica dejar de ver a los amigos".
"Darling, te propongo que nos pongamos las pilas. Invitemos a comer a mi amiga la Luly y a su marido el próximo sábado", le dice entonces su mujer. "¿A esos lateros? Ni muerto, prefiero prolongar el síndrome de la cabaña", contesta él con vergonzosa inconsecuencia.