Hacerse
amor para rehacerse como familia
Necesitamos conjugar con nuestros andares la alegría del abrazo sincero y la mirada acariciadora del acompañamiento
Necesitamos conjugar con nuestros andares la alegría del abrazo sincero y la mirada acariciadora del acompañamiento. El momento no es fácil, por lo que requiere el estímulo y la ayuda de la escucha colectiva. Está visto que las tensiones y los peligros que nos acorralan se resuelven mejor en comunión y en comunidad, oyéndonos entre sí, dialogando más y reconociéndonos humanitariamente como ciudadanos de bien. Lo bueno siempre germina de la confianza de pulsos, que es lo que nos recuerda que no somos islas en un mar de oleajes. Despojémonos, por consiguiente, de individualismos que nos desvirtúen. Por desgracia, se elevan los muros y las distancias, con la arrogancia manifiesta y el encierro en el egoísmo. En consecuencia, cada día crece el número de personas que deciden vivir solas, o que conviven sin cohabitar. Esto ocasiona un mal acuerdo entre análogos, que únicamente exigen prestaciones de servicios como un loable sentido de justicia, que no lo es, porque está mal entendido, al excluir los principios y valores que son los que sustentan la incondicional entrega benefactora, convirtiéndolo todo en un mero negocio. Ciertamente, no está siendo fácil comprender las separaciones que se dan muchas veces en personas que llevan toda una vida unidas. De igual modo, también cuesta entender que la sociedad empuje a muchos jóvenes a no poder formar una familia porque están privados de oportunidades. Hoy más que nunca, precisamos cultivar esa querencia efectiva conciliadora, al menos para poder reír y llorar juntos. Donde reina el amar sin consideraciones, gobierna la pasión del sentimiento y sobran las leyes. Las crisis, como las diversas contiendas, deben afrontarse con la valentía del aguante, del diálogo sincero, del perdón mutuo, de la reconciliación y también del sacrificio. El verídico apego, cuando germina de las entretelas, jamás se desmorona y es eterno. Asimismo, el aprecio, cuando lo es en certeza; tampoco es algo que se pueda conectar o desconectar a gusto del consumidor, ni mucho menos bloquear. Ahora bien, ¿cómo reconstruyes una existencia en filiación si no tienes la manera de tener ingresos para hacerlo? Quizás tendríamos que impulsar una paternidad/maternidad compartida, responsable y afectiva de verdad, que no es lo que se muestra en las telenovelas, sino algo más concreto y fraterno. Sin embargo, el fraude también mora en los lenguajes tecnológicos. Algo tan cercano como el móvil te ofrece negocios exitosos; además, puede suplantar tu voz e identidad e incluso prometerte adhesión perenne. Aun así, el infalible amor no fenecerá jamás.
Hoy más que nunca, precisamos cultivar esa querencia efectiva conciliadora, al menos para poder reír y llorar juntos.
ALGO MÁS QUE PALABRAS
Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net