Martes, 03 de Noviembre de 2026

Uruguay ante la expansión de los centros de datos

UruguayEl País, Uruguay 2 de noviembre de 2026

No alcanza con conocer cuánta electricidad consumirá un centro de datos. También importa cuánto pagará por ella y qué costos deberá asumir el resto del sistema.

Los centros de datos (data centers) han comenzado a ocupar un lugar importante en la agenda energética e industrial de Uruguay. A la construcción del centro de Google en Canelones se suman nuevos proyectos anunciados por Antel y Solaria, este último con una capacidad agregada de hasta 500 MW. Detrás de estas inversiones está una transformación que ocurre a escala mundial, impulsada por el crecimiento de los servicios digitales y, especialmente, de la inteligencia artificial, que está aumentando considerablemente la demanda de infraestructura informática y de energía eléctrica.

¿Qué son los centros de datos y para qué se usan?

Un centro de datos es una instalación que alberga servidores, computadoras diseñadas para almacenar, procesar y transmitir información. Buena parte de los servicios digitales que utilizamos diariamente, desde plataformas de entretenimiento y aplicaciones bancarias hasta herramientas de inteligencia artificial, dependen de estas instalaciones. Su funcionamiento requiere no solamente servidores, sino también sistemas de refrigeración, conectividad de alta capacidad y un suministro eléctrico confiable.

Aunque los centros de datos existen desde hace décadas, su escala está cambiando. La expansión de la computación en la nube permitió concentrar grandes capacidades de procesamiento en instalaciones cada vez mayores. Más recientemente, la inteligencia artificial aceleró esa tendencia. Entrenar modelos avanzados requiere miles de procesadores especializados trabajando simultáneamente durante períodos prolongados, mientras que su utilización posterior también demanda una capacidad creciente de procesamiento.

Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), los centros de datos consumieron aproximadamente 415 TWh de electricidad en 2024, equivalentes a 1,5% del consumo eléctrico mundial. Para 2030, el organismo proyecta que esa demanda podría más que duplicarse, alcanzando unos 945 TWh. La inteligencia artificial explica una parte importante de ese crecimiento, aunque también contribuyen la expansión de los servicios digitales tradicionales y el almacenamiento de información.

A escala mundial, estas cifras representan una proporción todavía relativamente pequeña del consumo eléctrico. Sin embargo, su impacto puede ser mucho mayor en determinados países o regiones, especialmente cuando las nuevas instalaciones se concentran en sistemas eléctricos de menor tamaño.

Nuevas demandas para el sistema eléctrico uruguayo

Un centro de datos de 500 MW, funcionando con un factor de utilización de 75%, consumiría aproximadamente 3.285 GWh anuales. Para dimensionar, equivale a alrededor de una cuarta parte del consumo eléctrico anual uruguayo. Se trata de una demanda potencialmente muy importante, concentrada, en este caso, en dos instalaciones.

Conviene distinguir, sin embargo, entre potencia anunciada y consumo efectivo. Que un proyecto contemple una capacidad de 500 MW no significa que vaya a demandar esa potencia permanentemente ni que alcance su escala máxima desde el comienzo. Su consumo dependerá de la ocupación, las características de los equipos y las etapas de desarrollo.

A diferencia de otras actividades, los centros de datos suelen funcionar las 24 horas del día. Aunque su consumo varía según las tareas que realizan, las grandes instalaciones pueden presentar perfiles de demanda relativamente estables. Esto representa una oportunidad para los generadores eléctricos, porque permite contar con un consumidor importante y previsible, pero también plantea exigencias para el sistema.
Uruguay tiene algunas ventajas para atraer estas inversiones. La primera es una matriz de generación eléctrica altamente renovable. A esto se suman la estabilidad institucional, la experiencia en operación del sistema eléctrico ante intermitencia, y una buena conectividad internacional, especialmente mediante los cables submarinos de fibra óptica que llegan a Maldonado.

Pero estas ventajas no garantizan por sí mismas que Uruguay pueda abastecer una expansión importante de centros de datos. Tener una matriz eléctrica renovable no equivale necesariamente a disponer de energía suficiente, en todo momento y en cualquier punto del territorio, para incorporar nuevas demandas de cientos de MW.

La generación eólica y solar es variable, mientras que la disponibilidad hidroeléctrica depende de las condiciones hidrológicas. Un centro de datos, en cambio, necesita electricidad durante todas las horas del año. Por eso, aunque un proyecto incorpore generación solar asociada, esa generación no garantiza por sí sola su abastecimiento continuo. Será necesario determinar cómo se cubrirá la demanda durante la noche, los períodos de baja generación renovable y las situaciones de mayor exigencia del sistema.

También importa dónde se instalan estas infraestructuras. Uruguay cuenta con una red extensa de fibra óptica, pero los grandes centros de datos necesitan conexiones de muy alta capacidad y, preferentemente, redundantes. Al mismo tiempo, requieren infraestructura eléctrica capaz de abastecer potencias elevadas. La ubicación dependerá, por lo tanto, de la combinación entre conectividad digital, disponibilidad de energía, capacidad de transmisión y posibilidades de expansión.

La incorporación de grandes consumidores puede requerir nuevas líneas de transmisión, subestaciones y eventualmente inversiones adicionales en generación, almacenamiento o respaldo. Estas obras tienen costos que deben recuperarse durante períodos prolongados. Una cuestión central será determinar cuáles corresponden específicamente a cada proyecto, cuáles benefician al sistema en su conjunto y quién debe financiarlas.

Esto resulta especialmente relevante para las tarifas eléctricas. Un nuevo consumidor de gran escala puede contribuir a distribuir determinados costos fijos entre una mayor demanda y mejorar la utilización de infraestructura existente. Pero también puede obligar a realizar inversiones importantes. El resultado económico dependerá de las condiciones de contratación, el perfil de consumo y los costos adicionales que genere su incorporación. No alcanza, por lo tanto, con conocer cuánta electricidad consumirá un centro de datos. También importa cuánto pagará por ella y qué costos deberá asumir el resto del sistema.

Más allá del consumo eléctrico

Existe además una discusión sobre el uso de agua para refrigeración. Los servidores generan grandes cantidades de calor que deben disiparse continuamente. Algunos sistemas utilizan agua mediante procesos evaporativos, mientras que otros recurren a refrigeración por aire y circuitos cerrados, reduciendo considerablemente el consumo directo de agua.

Desde el punto de vista económico, los centros de datos presentan otra particularidad. Requieren inversiones de capital muy elevadas, pero generan relativamente pocos empleos permanentes en relación con su escala. Durante la construcción pueden movilizar cientos de trabajadores y empresas proveedoras, mientras que su operación está altamente automatizada. Esto no elimina su potencial económico, pero hace oportuno evaluar otros beneficios, como la contratación de servicios locales, la generación de capacidades tecnológicas y la posibilidad de atraer nuevas actividades vinculadas a la economía digital.
La oportunidad para Uruguay no consiste solamente en vender electricidad a grandes empresas tecnológicas. También podría estar en aprovechar su infraestructura energética y digital para desarrollar servicios de mayor valor agregado e integrarse a una industria que seguirá creciendo durante los próximos años. Sin embargo, no todos esos beneficios ocurren automáticamente con la instalación de un centro de datos.

La experiencia uruguaya en infraestructura energética muestra la importancia de evaluar las inversiones a partir de su utilización efectiva y de compromisos de largo plazo. En este caso, la pregunta no es solamente cuántos centros de datos pueden instalarse, sino qué demanda eléctrica comprometerán, durante cuánto tiempo, qué inversiones requerirán y cómo se distribuirán sus costos y beneficios.

Uruguay cuenta con condiciones favorables para participar de esta expansión. Pero una matriz renovable, y una buena infraestructura de telecomunicaciones, por sí solas, no alcanzan para convertir al país en un polo regional de centros de datos. Para que esta oportunidad se traduzca en un beneficio sostenible será necesario coordinar las nuevas inversiones con la planificación eléctrica, establecer condiciones claras para la conexión de grandes consumidores y asegurar que los costos adicionales no se trasladen injustificadamente al resto de los usuarios.

El desafío, por lo tanto, no es simplemente atraer proyectos de cientos de MW, sino determinar bajo qué condiciones su instalación puede fortalecer el sistema eléctrico y la economía uruguaya.

-El autor, Felipe Bastarrica, es Director Ejecutivo, Observatorio de Energía y Desarrollo Sustentable (UCU)
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