¿Y si la receta está vencida?
La receta Quiroz funcionó en el mundo de ayer. La pregunta es si sirve para el de hoy
Creímos que el Estado era la solución. Falso. Eso trajo más impuestos, incertidumbre y permisos que ahuyentaron al capital. Nada reemplaza a la iniciativa privada. Nada. Ese fue el mensaje del ministro de Hacienda en Enade.
Hay razones para dejar el pesimismo, agregó; un pesimismo, dicho sea de paso, que el propio gobierno inoculó. La reforma que favorece a los propietarios en impuestos, contribuciones, garantías y herencias ya muestra sus efectos. Quedan obstáculos: el atraso de los tribunales ambientales, que el ministro fue a plantear a la presidenta de la Corte Suprema, y las impugnaciones ante el TC, que a su juicio "traumatizan la vida social". Gestiones y declaraciones inusuales para el jefe de las finanzas públicas.
Pero el optimismo del ministro no se contagia. El mismo día de Enade retrocedió el Índice Mensual de Confianza Empresarial; horas después, el de los consumidores. La economía está al borde de una recesión y el desempleo, de los dos dígitos: los peores números desde la pandemia.
El voluntarismo oficial choca con los hechos. El Gobierno no ha cumplido sus promesas. Ahora las traslada a 2027. ¿Alcanzará antes de que se acabe la paciencia? ¿Y si el problema no está en el plazo sino en la receta?
La receta Quiroz es la misma que permitió aprovechar la ola expansiva que va desde mediados de los ochenta hasta 2010, aproximadamente. Funcionó en el mundo de ayer. La pregunta es si sirve para el de hoy.
En casi medio siglo, Chile cambió. Ofrece menos oportunidades. No hay privatizaciones a la vista. La concentración impone elevadas barreras de entrada. Las minas envejecen a la par con la población, y esta es más rebelde y exigente, lo que encarece cualquier proyecto.
El mundo también cambió. En aquellos años, China se tragaba los recursos naturales del planeta. La globalización se expandía. El capital era escaso, de modo que liberarlo se traducía en inversión. Hoy, como sugiere Alain Minc en un libro reciente ("Un capitalisme devenu fou"), el capital sobra y se enriquece más valorizando activos que produciendo. A ello se suma una aspiradora, Silicon Valley, que succiona el ahorro del mundo entero no por sus ganancias, sino por sus promesas. Frente a esto, Chile, con retornos ciertos pero modestos, tiene poco que ofrecer. Una rebaja de impuestos los mejora, pero no lo bastante para volverlos competitivos. Nada asegura, entonces, que la fórmula Quiroz se traduzca, como en el pasado, en nueva inversión externa.
Tampoco hay garantía de que los compatriotas beneficiados por el alivio tributario inviertan en Chile. La empresa chilena ya no está gobernada por patriarcas con hambre de inmigrante. La manejan equipos sofisticados que se mueven por la rentabilidad, no por un "compromiso país". Los inversionistas locales, hoy varias veces más ricos, se diversificaron y globalizaron. No volverán a sobreconcentrarse en Chile. Mucho riesgo.
Las arengas no los conmueven, aunque vengan de un gobierno al que sienten cercano. Aun así, el Presidente lo intentó: en Enade les pidió que los recursos que recibirán no terminen en un depósito a plazo o un fondo mutuo. Ni, cabría agregar, en bonos del Tesoro o de empresas de Estados Unidos. En suma, no hay certeza de que el beneficio tributario haga crecer la economía; lo único seguro es que hará más ricos a los dueños del capital.
En un capitalismo en que el winner takes all , Minc pone en primer lugar el fomento de la competencia, algo doblemente válido en un país donde un puñado de familias domina buena parte de la economía. Propone además invertir en conocimiento, infraestructura, formación y difusión tecnológica. Y agrega hacer accionistas a los trabajadores, para que participen de las ganancias de un sistema que castiga al trabajo frente al capital. Para el actual gobierno, todo esto es de otra galaxia.
Quiroz propone liberar una energía que supone aplastada por el Estado; el capital hará el resto. Es la misma promesa de hace medio siglo. Pero las recetas también vencen, y el peligro es que Chile termine ofreciendo mejores condiciones al capital sin tocar las razones por las que su economía perdió dinamismo.