Martes, 03 de Noviembre de 2026

Imacec de septiembre

ChileEl Mercurio, Chile 3 de noviembre de 2026

Se aprecian algunas señales en comercio y servicios -y en menor medida en el sector industrial- de un mayor dinamismo.

La cifra de actividad de septiembre da cuenta del lento avance que muestra la economía, aunque refleja algunas luces que podrían sugerir un cambio de tendencia. Mientras la actividad minera sigue exhibiendo caídas superiores a los dos dígitos en 12 meses -lo que revela un problema importante en el sector-, la actividad no minera no solo crece con respecto a igual mes del año anterior, sino que en términos desestacionalizados completa dos meses consecutivos de aumento relevante respecto del mes previo. En otras palabras, alguna evidencia -tenue y preliminar- hay de que la actividad parece salir de la contracción secuencial que mostró en varios meses de este año.
La anticipación de puntos de quiebre en la tendencia es una de las tareas estadísticas más difíciles, y las cifras conocidas no permiten aseverar tal situación. Con todo, se aprecian algunas señales en los sectores de comercio y servicios -y en menor medida en el sector industrial- de un mayor dinamismo. Si la actividad no minera se mantuviese en el nivel actual en el último trimestre -esto es, si no se moviera en ese período-, el PIB no minero crecería un 0,5% en 2026 respecto de 2025, y la misma lógica implica que si el PIB total quedara constante en términos desestacionalizados durante el cuarto trimestre, la economía experimentaría una contracción anual de 0,6% en términos agregados.
La contracción de la actividad minera ha sido de tal magnitud que, para que la economía tenga un crecimiento positivo durante 2026, será necesaria una expansión del Imacec cercana a 2% en el último trimestre de este año respecto de igual período del año anterior. El desafío no es incumplible, pero se han agregado en los últimos meses una serie de fenómenos meteorológicos que abren una interrogante sobre las cifras al final de año, especialmente en la agricultura.
En este contexto, parte del desafío del Gobierno es evitar que las dificultades de corto plazo lo desvíen de su agenda reactivadora. Ello, sin embargo, no significa desatender las urgencias más inmediatas; por el contrario, abordar adecuadamente estas contribuirá a la viabilidad de las reformas de más largo plazo. En este sentido, dos elementos deberían incorporarse. Desde luego, la agenda de empleo requiere un impulso adicional, el que podría lograrse con algún plan más proactivo. La simple expectativa de mayor contratación por la aceleración de la inversión inmobiliaria podría tomar más tiempo del deseado. A su vez, el diseño del Fondo Nacional para la Vivienda (Fonavi) sigue generando dudas, relacionadas con la factibilidad de que dinamice en el corto plazo el mercado hipotecario y con los incentivos de mediano plazo de economía política que introduciría. Un esfuerzo mayor en fortalecer programas ya existentes podría acelerar la recuperación sin representar un costo fiscal inalcanzable.
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