Un debate absurdo
Mientras Uruguay enfrenta cada vez más desafíos urgentes hay legisladores que deciden dar tiempo a un debate tan ridículo como estéril
Mientras Uruguay enfrenta cada vez más desafíos urgentes hay legisladores que deciden dar tiempo a un debate tan ridículo como estéril. Hablamos de la polémica por la iluminación del Palacio Legislativo con los colores del Vaticano, por la visita del Papa. A nadie con un mínimo de apertura mental se le puede ocurrir que eso implique un daño a la laicidad o a la postura del estado frente a la religión. El mismo edificio se pinta de cualquier color por cualquier motivo banal.