Mayores de 50 años prefieren estudiar virtual
Solo 25
Solo 25.960 de los 12,3 millones de colombianos que tienen entre 51 y 79 años estudian hoy, apenas el 0,21% de esta población, y seis de cada diez cursan universidad o posgrado. Así lo revela el informe del Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Pontificia Universidad Javeriana, que advierte que la oferta favorece a quienes ya tienen más estudios, aunque el 46% de este grupo no superó la primaria. La radiografía, construida con los microdatos de la Encuesta de Calidad de Vida 2025 del Dane, retrata a la llamada población silver: El 39% tiene la primaria como techo y otro 7% no alcanzó ningún nivel educativo. Un 33% llegó a secundaria o media y solo el 19% accedió a educación superior, repartido entre universitario (8%), técnico (4%), posgrado (4%) y tecnológico (3%). Además, 790.729 personas no saben leer ni escribir. El contraste aparece al mirar quiénes están hoy en un aula. El 37% de los estudiantes de este grupo cursa posgrado, el 26% un programa universitario, el 21% uno técnico y el 13% uno tecnológico. Primaria, secundaria y media suman apenas 819 personas, el 3% del total. Frente a ellas hay 5,7 millones de colombianos de estas edades con máximo primaria o sin ningún nivel educativo. Para el LEE, la conclusión es directa: la oferta a la que hoy accede este grupo "no está cerrando la brecha heredada, sino profundizándola". El informe sostiene que "quienes ya acumularon más educación son quienes continúan estudiando, mientras que la población con menor nivel educativo, la de mayor tamaño y mayor necesidad, permanece prácticamente al margen del sistema". Formarse con más de 50 La virtualidad domina entre quienes estudian a esta edad: el 60% usa esa modalidad, el 31% va a clases presenciales y el 9% estudia en alternancia. Las instituciones oficiales reciben al 52% y las no oficiales al 48%. Pero el LEE alerta de que esa misma modalidad "puede convertirse en una barrera adicional para la población de menor nivel educativo y mayor edad", por sus brechas de conectividad y competencias digitales. La edad también marca el acceso. Las personas de 51 a 53 años concentran el mayor número de estudiantes. Entre las mujeres se advierte un segundo repunte hacia los 59 y 60 años, que podría indicar un regreso a las aulas después de pensionarse. Aun así, el informe concluye que la ventana para estudiar después de los 50 "es corta, prácticamente se cierra antes de los 60". Estudiar, además, rara vez es la ocupación central de quienes lo hacen. Apenas el 20,5% de los hombres y el 3,7% de las mujeres matriculados declaran que esa es su actividad principal. Entre ellos, el trabajo es la tarea predominante (77%) y los oficios del hogar pesan apenas el 2%. Entre ellas, el trabajo también lidera (66%), pero los oficios del hogar alcanzan el 30%, quince veces más que en los hombres. El rezago educativo tiene una expresión directa en el mercado laboral. De los 6,3 millones de personas de 51 a 79 años que están ocupadas, el trabajo independiente o por cuenta propia concentra 58% de los hombres y 56% de las mujeres. El LEE interpreta esa concentración como la contracara del perfil educativo de esta generación, cuya salida más accesible ha sido generar sus propios ingresos. El subempleo sigue la misma línea. En total, 517.175 personas, 8% de los ocupados de este grupo, quisieran trabajar más horas. Entre los hombres en esa condición, el 57% tiene como techo la primaria o menos; entre las mujeres, el 44%. Según el informe, este problema es "un fenómeno que golpea a quienes tienen menor educación", y no principalmente a profesionales sobrecalificados que buscan más horas. La cadena termina en la vejez. El 64% de los hombres y el 75% de las mujeres de esta población no cotizan a pensión, mientras que solo el 21% de ellos y el 11% de ellas lo hacen de manera activa. El LEE plantea que la educación debería diseñarse "como una palanca capaz de romper la cadena que conecta baja educación, trabajo de cuidado no remunerado, informalidad laboral y desprotección en la vejez". Esa lectura coincide con lo que estas personas dicen de sí mismas. En una escala de 0 a 10, la satisfacción con la vida llega a 8,07 tanto en hombres como en mujeres, pero la satisfacción con el ingreso cae a 6,75 y 6,34, en ese orden, el puntaje más bajo. Para el LEE, la educación es una herramienta para fortalecer "el único frente en el que ella misma reconoce no estar bien: su ingreso". Volver a estudiar tampoco significa lo mismo en todas partes. Entre los matriculados, el posgrado predomina en Bogotá (48%) y Cundinamarca (85%); el pregrado, en Valle del Cauca (61%) y Nariño (86%), y la formación técnica y tecnológica, en Cauca (81%). El LEE sostiene que cualquier política debe partir de una triple desigualdad en educación, trabajo y protección social, y no tratar a esta población como "un solo grupo con una sola necesidad". Entre sus propuestas, el laboratorio pide incluir en los planes de desarrollo metas de alfabetización, nivelación y formación técnica para mayores de 50 años, pues la Política Nacional de Envejecimiento y Vejez "carece de metas educativas propias para este rango de edad". Plantea reconocer aprendizajes previos como créditos.