Viernes, 29 de Agosto de 2025

Desquicio emocional y amenaza nuclear

UruguayEl País, Uruguay 28 de febrero de 2022


Mientras con una mano intenta recortar el mapa europeo a la altura de las fronteras occidentales de Ucrania, con la otra mano Vladimir Putin apunta su Kakashnikov nuclear a Europa


Mientras con una mano intenta recortar el mapa europeo a la altura de las fronteras occidentales de Ucrania, con la otra mano Vladimir Putin apunta su Kakashnikov nuclear a Europa. Su agresividad aumenta de manera directamente proporcional al desquicio que le provoca la resistencia ucraniana frustrando su plan de poner el país invadido bajo control en las primeras 48 horas de ocupación.> > El crimen demencial que está perpetrando a los ucranianos constituye un mensaje electrizante a sus rehenes: si la OTAN interviene, el jefe del Kremlin está dispuesto a dinamitar el barco europeo aunque se hunda con él. Lo que Putin transmite con esa mirada de hielo que mantiene impasible mientras masacra ucranianos, es que tiene la naturaleza del escorpión que navega en el lomo de la rana.> > No posee más poder militar que la alianza atlántica, pero demuestra tener más sangre fría y más megalomanía criminal que quienes gobiernan democracias con estados de Derecho en los que tiene peso el ciudadano, el individuo, las personas.> > Más allá de la calidad humana del gobernante, la democracia liberal le impone medir su éxito o su fracaso a través de la calidad de vida de los gobernados. Si la vida de la sociedad mejora en calidad, el gobernante es exitoso y viceversa.> > Pero Putin no mide su éxito en la calidad de vida del pueblo ruso sino en la extensión del mapa de Rusia. Igual que los zares, se siente más grande si expande el territorio y siente que fracasa si pierde territorios o mantiene el mapa en la misma dimensión.> > El arma más eficaz del presidente ruso no está en sus arsenales, sino en su decisión de inmolarlo todo. A las pulseadas entre superpotencias militares, el líder más despótico, napoleónico y desequilibrado sólo la pierde si la guerra finalmente estalla. En ese caso, como Hitler, se inmola y termina bajo los escombros de su imperio derrotado. Pero, a esa altura, la devastación ya ha provocado catástrofes de gran escala.> > El poderío intimidante de Vladimir Putin no está dado solamente por la cantidad de tropas y armamentos que posee, sino por una conjunción de esa capacidad militar con su disposición a avanzar hacia sus metas sin importar los cataclismos que pueda ocasionar.> > Los comandos de elite del FSB que envió a recuperar el Teatro Dubrovka en octubre del 2002, aniquilaron a los terroristas comandados por Movsar Barayev que habían tomado como rehenes al público y los bailarines que se encontraban en esa sala moscovita, pero al precio de casi doscientas muertes entre los 800 rehenes.> > También fueron centenares las víctimas civiles (entre madres, maestras y, mayoritariamente, niños) que dejó en el 2004 la recuperación de una escuela en Beslán, ciudad de Osetia del Norte, que habían ocupado sanguinarios jihadistas.> > A Chechenia la recuperó del independentismo comandado por el general Dudayev, con una guerra de tierra arrasada que redujo a escombros a la capital, Grozny. Y Ana Politkovskaya, la periodista que denunció los crímenes de guerra cometidos por el ejército en ese rincón caucásico, terminó acribillada a balazos en la puerta de su departamento en Moscú.> > También murieron muchos de los que se atrevieron a denunciar al jefe del Kremlin, como el ex primer ministro Boris Nemtsov. Ese dirigente liberal fue baleado a pocas cuadras de la Plaza Roja tras haber anunciado que participaría, al día siguiente, en la "Marcha Vesná" (primavera) que reclamó el fin de la guerra que estaba promoviendo Putin en el este de Ucrania.> > En aquella manifestación que denunció la infiltración de mercenarios, oficiales y comandos especiales rusos en Donestk y Lugansk para actuar como si fueran milicianos separatistas, iba a participar también Alexei Navalni, pero lo arrestaron por enésima vez a pocas horas de comenzar la protesta del año 2015.> > Ya por entonces muchos dirigentes rusos que califican de autocracia corrupta al régimen de Putin, percibían que la sublevación separatista en el Donbass era impulsada por Moscú y usada como camuflaje de oficiales rusos y empresas rusas de mercenarios pagados por el Kremlin, para infiltrarse en Ucrania. O sea, percibían que ya había comenzado la invasión que ahora ingresó en una fase más trágica.> > En la víspera de la Marcha Vesná que denunció la agresión a Ucrania en el 2015, uno de los dos disidentes más notables fue asesinado y el otro fue encerrado en una celda. Pero las estructuras occidentales a las que pedían ingresar los ucranianos y por la que empezaban a sufrir la agresión militar de Rusia, no entendieron de inmediato lo que eso significaba.> > Empezaron a entenderlo cuando el ejército de Putin rodeó las fronteras. Y comenzaron a tomar medidas al respecto recién cuando los tanques y los misiles rusos desataron el infierno.>
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