Domingo, 30 de Noviembre de 2025

El glamour de la chatura

UruguayEl País, Uruguay 30 de noviembre de 2025

No es lo mismo decir "el repartidor de PedidosYa está en camino" que "el rider de PedidosYa está en camino".

Cringe, aesthetic, same, outfit, glow up, glow down, cute, random, "shippear", what, bro, low key, nice, be like, girl, yep, FOMO, "stalkear". Estas son algunas de las palabras en inglés, o palabras en ese idioma castellanizadas, que informantes calificados de veinti-y-poco con los cuales convivo debido a mi ocupación docente, me dijeron que se suelen usar. He notado también que no es el monopolio de las generaciones más jóvenes, sino que también se han extendido a otras, incluso la mía y más allá.

Esto demuestra una vez más lo adelantado que estuvo Ortega y Gasset en su descripción del hombre-masa como el sujeto de la modernidad, inclinado a imitar lo pueril. Desde que la globalización se intensificó con las tecnologías, es normal que haya cada vez más hibridaciones culturales en general, y en el lenguaje en particular.

No sé si será porque estoy llegando al ocaso de mis treinta y voy cada vez más en camino a la figura del abuelo Simpson gritándole a una nube (un meme de Los Simpson que refiere a despotricar sobre cómo "antes las cosas eran mejores"), pero encuentro que el sobre-uso de anglicismos es algo cada vez más frecuente-y fastidioso. Creo que esto apunta a una homogeneidad servil y a un achatamiento de la cultura que no se ve sólo en el lenguaje, sino en otros aspectos de la realidad social novedosamente invadidos, como la arquitectura o los cafés que (por suerte, para mi) han aparecido por todos lados en Montevideo.

En el lenguaje, hay palabras y expresiones como "salado", "groncho" o "estar al palo" propias de nuestro lunfardo rioplatense que son más auténticas que "cringe" o "random", porque, al menos desde hace algunas décadas, nos arraigan a un lugar y una cultura.

Para poder usar bien el "salado", por ejemplo, hay que vivir en Uruguay un tiempo. Las palabras en inglés son globales y nos sometemos a ellas porque dan capital simbólico en el campo social global/digital; nos hacen acercarnos a sociedades idealizadas. No es lo mismo decir "el repartidor de PedidosYa está en camino" que "el rider de PedidosYa está en camino".

Si bien suelen tener origen en un lugar social particular, las palabras se transforman en lo que el sociólogo Jean Buadrillard definió como simulacros, es decir, signos sin relación al original que disuelven las diferencias y carecen de profundidad. Las fuentes de esto se podrían identificar en algunos fenómenos como ser el hecho de viajar se ha vuelto algo común y frecuente para muchos uruguayos, lo cual nos pone en contacto con los símbolos globales y estereotipos de otros países que uno va a consumir en busca de experiencias y fotos para las redes.

Por otro lado, mucho entretenimiento se consume a través de las plataformas como Netflix, Amazon Prime, etc. en las que tenemos acceso a muchas series cada vez más escritas algorítmicamente. Además, otro factor decisivo es el del contenido de las redes sociales, principalmente TikTok, que, según me señalaron mis informantes calificados, constituye una fuente prolífica de este tipo de palabras.

Otro síntoma del achatamiento de la cultura es en la arquitectura contemporánea que se ve por todos lados en Montevideo. Estos edificios son aesthetic y todos iguales, reproduciendo un estilo moderno y glamoroso, pero completamente anodino. Son las máquinas para vivir de Le Corbusier. A nadie con la más mínima capacidad de juicio se le ocurriría tirar abajo al Palacio Salvo por más que, como a Benedetti, le parezca feo; pero a nadie le va a interesar conservar estos edificios producto del capitalismo de consumo, e intrínsecamente desechables.

Hannah Arendt diagnosticó que este sujeto moderno es el "animal laborans" que busca la comodidad y lo eficiente más que lo significativo y perdurable. Decía Arendt que lo fundamental del ser humano es la construcción y el cuidado de un mundo en común, que es el entorno duradero que da sentido, estabilidad y orientación narrativa a nuestras vidas. Los edificios aesthetic, smart y con ammenities, replicables y estandarizados, atentan contra la vida pública. Son como los no-lugares glamorosos pero olvidables que describió el antropólogo Marc Augé, por los que estamos de paso.

La última cosa que quiero mencionar son los cafés que también han aparecido por todos lados en Montevideo,. Como trabajador cognitivo o analista simbólico, suelo ir a estos cafés para trabajar un rato, tanto en mi barrio, que está up-and-coming, como en otros. En estos se capta la esencia del no-lugar o el sitio global, ya que se replican patrones globales de estética y consumo, tanto en el arreglo material del lugar como en los jóvenes que suelen atenderlos, que personifican la estética para Instagram y TikTok. Dada nuestra naturaleza social, todos seguimos modas, somos un poco estereotipo. Pero con estos jóvenes el patrón parece estar on steroids, con su ropa andrógina y sus tatuajes. Ahí está el poder sutil de los algoritmos, de la sociedad de control que prematuramente describió Gilles Deleuze. Pero bueno, controlado y todo, reconozco que me siento muy a gusto en estos cafés. Verdaderamente se puede tomar un buen flat white y los "genZ" que atienden suelen ser muy amables y atentos. Y los edificios nuevos, por más que sean mcdonalizados y desechables, transmiten la misteriosa sensación placentera del consumo global. Sin embargo, el uso anglicismos es más desdeñable. Que los usen jóvenes es inevitable porque ese es el mundo que habitan; que lo usen los más veteranos me da cringe.
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