Lunes, 19 de Enero de 2026

Debilitamiento de la credibilidad del Banco Central

Costa RicaLa Nación, Costa Rica 19 de enero de 2026

La política monetaria restrictiva y la apreciación cambiaria tampoco son neutrales, pues incentivan la dolarización del crédito y benefician a los deudores en dólares.

El Banco Central de Costa Rica (BCCR) lleva más de seis años buscando su brújula sin éxito. En los 74 meses transcurridos entre noviembre de 2019 y la actualidad, la inflación medida por el Índice de Precios al Consumidor se ha ubicado únicamente en cinco ocasiones dentro del rango meta definido por el propio ente emisor. Incluso en esos episodios, la inflación solo transitó brevemente por el rango objetivo: primero cuando se aceleraba hacia niveles superiores luego de la pandemia, y luego cuando descendía rumbo a la deflación en la que el país está sumido desde agosto de 2022.

Más aún, el BCCR acumula 32 meses consecutivos sin cumplir su meta de inflación, lo que sugiere que se ha convertido en la norma y no en la excepción. Esta situación queda reflejada en los informes de política monetaria, donde en cada nueva edición se posterga el momento en que se alcanzará la meta, ahora proyectado para el segundo trimestre de 2027. Cabe preguntarse: ¿son útiles estas fechas para los agentes económicos? ¿Pierde el BCCR credibilidad cuando falla en alcanzar su objetivo en más del 95% del tiempo?

La respuesta parece evidente. La pérdida de credibilidad en un banco central puede tener efectos significativos sobre la actividad económica. Cuando las expectativas de inflación se desanclan del objetivo inicial, la política monetaria pierde eficacia como instrumento de coordinación macroeconómica. En otras palabras, los agentes económicos continúan tomando decisiones similares independientemente de los esfuerzos del Banco Central por influir sobre los principales precios macroeconómicos.

Esta problemática resulta aún más grave en un contexto de debilidad de la demanda interna, y persistente deflación, en buena medida inducidas por una política monetaria excesivamente restrictiva. Las elevadas tasas de interés nominales y reales desincentivan el consumo y la inversión, al tanto que fomentan la entrada de capitales internacionales que desean aprovecharse de la "bonanza" de invertir en colones.

El resultado es un tipo de cambio artificialmente apreciado que golpea a los sectores exportadores de bienes y servicios, así como a las empresas que producen para el mercado interno, las cuales deben competir con importaciones cada vez más baratas. De forma preocupante, las empresas bajo el régimen de zonas francas ya no generan empleo con el mismo dinamismo de años anteriores y, en algunos sectores, el empleo incluso ha empezado a disminuir.

El BCCR sostiene que tiene poco margen para evitar la deflación, ya que la caída de precios responde a factores internacionales. Sin embargo, este argumento resulta inconsistente con su actuación tras la pandemia, cuando la inflación también fue impulsada por choques externos. En aquel momento, el BCCR sí corrió para subir las tasas de interés con el fin de controlar la inflación. Esta asimetría en la respuesta de política también se observa en el mercado cambiario, pues las reglas de intervención, aunque desconocidas para el público, son distintas cuando el colón se depreciaba en comparación a cuando el colón se aprecia.

Otro argumento recurrente del BCCR es que su mandato legal consiste en "mantener la estabilidad interna y externa de la moneda nacional" y no promover el crecimiento de la producción, por lo que afirma buscar una política monetaria neutral. Sin embargo, dicha neutralidad no se está alcanzando.

En primer lugar, una inflación cercana a cero o negativa no es neutra. El propio BCCR ha definido que la neutralidad se logra cuando la inflación se ubica en la meta establecida bajo su esquema de metas de inflación, objetivo que ha incumplido casi siempre. En segundo lugar, la política monetaria restrictiva y la apreciación cambiaria que induce tampoco son neutrales, pues incentivan la dolarización del crédito, benefician a los deudores en dólares no generadores de divisas y perjudican a los deudores en colones —la gran mayoría— que deben lidiar con tasas de interés artificialmente elevadas.

En tercer lugar, esta política tampoco es neutral porque genera una transferencia de riqueza desde los residentes nacionales hacia inversionistas internacionales que ingresan dólares para convertirlos en colones e invertirlos localmente. Resultaría interesante estimar el monto de esta transferencia, que en la práctica opera como un subsidio a los capitales externos. Además, este mecanismo refuerza un círculo vicioso: la previsibilidad del accionar del BCCR incentiva una mayor entrada de capitales especulativos que buscan aprovechar este diferencial.

Finalmente, el BCCR ha planteado la posibilidad de revisar la meta de inflación a la baja. No obstante, esta medida no resuelve el problema de fondo si persiste la percepción por parte del BCCR de que alcanzar la meta es irrelevante, siempre que la inflación se mantenga cercana a cero. Ajustar la meta tampoco contribuiría a mejorar el desempeño de la política monetaria en un contexto donde la credibilidad del BCCR se encuentra deteriorada.

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