Jueves, 19 de Febrero de 2026

Caer de la bicicleta

ColombiaEl Tiempo, Colombia 18 de febrero de 2026


Andrés Barreto González
El 2026, último año del gobierno, es el epílogo de una crisis autoinfligida, y en muchos casos desapercibida para muchos controles, la cual detona en un año electoral, enrareciendo el ambiente y entregando unas finanzas públicas, un sistema de seguridad social y un clima de inversión, destruido por las malas decisiones y la inacción en frentes críticos


Andrés Barreto González
El 2026, último año del gobierno, es el epílogo de una crisis autoinfligida, y en muchos casos desapercibida para muchos controles, la cual detona en un año electoral, enrareciendo el ambiente y entregando unas finanzas públicas, un sistema de seguridad social y un clima de inversión, destruido por las malas decisiones y la inacción en frentes críticos. En tres años y medio de gobierno el país sólo creció el 5%, la peor cifra en 30 años, y mucho peor que cuando se presentó la pandemia. El gobierno se dedicó a endeudarse y gastar a manos llenas, lo que ahuyentó la inversión, la cual cayó más del 12%, esto sumado al riesgo país y el constante ataque a la empresa e iniciativa privada, lo cual generó un cóctel tóxico que ya deja ver sus consecuencias. A la parálisis total del sector minas y energía, que cae el -8,4%, principal jalonador de nuestras finanzas, se le suma la caída del sector manufacturero (-4%), y el sector construcción, otro polo de desarrollo que cae el -8,5%, aunado a la destrucción de programas sociales como ‘Mi Casa Ya’ y los créditos VIS. La caída en minería, manufactura y construcción, no solo generaron una crisis empresarial (cruzada de este gobierno), sino que significan la destrucción de empleo formal, poder adquisitivo, y cotización al sistema general de seguridad social, una crisis sistémica. En la última bonanza petrolera se desaprovechó la oportunidad de construir la infraestructura necesaria para desarrollar el país y generar bienestar y hacernos más competitivos. La llegada de la pandemia nos detuvo, pero jamás nos paralizó, así que lo acontecido en estos últimos tres años y medio no tiene excusa alguna, más allá de un plan doloso de destrucción de la economía, a la que se le suma la destrucción del sistema de salud, la educación y la vivienda, ni más ni menos los mínimos derechos que esperábamos prevalecieran. El gobierno ha tenido los presupuestos más altos de la historia, así como dos de las reformas tributarias más altas jamás aprobadas, lo que desembocó en la deuda y el déficit más alto de nuestra historia. Por si fuera poco, sumado al derroche, se socavó la división y el equilibrio de poderes, y el gobierno se dedicó a legislar por decreto, declarando emergencias económicas, inventando un recaudo que se fue en gasto, y dejando un panorama desolador para el gobierno que llegue, el cual, desafortunadamente, recibirá una crisis multisectorial, urgente, y potencialmente irremediable en el corto y mediano plazo. Los números son fríos y para el común del colombiano incomprensibles, porque hay que solucionar lo de del día, pagar el crédito, hacer mercado, o conseguir un medicamento, uno que como en el caso del pequeño Kevin jamás llegó por la negligencia e incompetencia del gobierno, el cual olímpicamente culpó a su madre de su muerte, por haberlo dejado caer de una bicicleta.
Ex Superintendente de Industria y Comercio.
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