Costo del hidrógeno verde
Cuando los proyectos enfrentan trabas artificiales inmensas, no es suficiente tener las mejores condiciones naturales.
La Agencia Internacional de Energía pronostica que, a 2030, el país con los menores costos de producción de hidrógeno verde será China, con un valor estimado de US$ 2/kg. El mismo estudio proyecta que los costos de producción de Chile -así como de otros potenciales productores- serían de alrededor de US$ 4/kg, lo que lo dejaría en una situación poco competitiva, considerando además la lejanía de nuestro país respecto de los potenciales centros de demanda.
Es sorprendente que Chile, que posee tal vez las mejores condiciones mundiales para generar energía verde -fotovoltaica en el norte y eólica en el extremo sur-, se encuentre en desventaja frente a China, que no dispone de las mismas condiciones naturales. Sin embargo, hemos visto cómo el impulso original de proyectos se desvanece ante las trabas que enfrentan para su ejecución. En efecto, nuestro sistema de permisos para la concreción de iniciativas introduce tal incertidumbre en los costos y en los tiempos que el costo de capital termina siendo mucho mayor que en China. Y ahí está el problema: no es suficiente tener las mejores condiciones naturales si los proyectos enfrentan trabas artificiales inmensas, producto de toda una industria de activistas y actores oportunistas que retrasan los proyectos con reclamos poco relevantes o espurios, desde supuestas afectaciones sobre cosmovisiones indígenas ("impacto espiritual") hasta efectos sobre la salinidad del océano, muchas veces con el apoyo implícito de funcionarios en ministerios y reparticiones públicas.
Esto hace que el costo de inversión sea mucho mayor en Chile que en China. Y como los costos de capital tienen un peso relevante en el costo de producción de largo plazo de un proyecto de hidrógeno verde, nuestras ventajas naturales se diluyen, eliminando los incentivos para producir este combustible.
Por cierto, no es que China hoy no se preocupe también del medio ambiente: Beijing y otras grandes ciudades ya no tienen el esmog de hace pocos años, el país ha plantado miles de millones de árboles para detener el avance del desierto y tiene diez mil reservas naturales para proteger la biodiversidad. Es, por lejos, la nación que más ha avanzado en materia de energía limpia y de electrificación de las actividades. Y aunque sus emisiones de carbono todavía aumentan, el gobierno se ha comprometido a reducirlas a partir de 2030.
En Chile, aún tenemos la posibilidad de desarrollar una industria del hidrógeno verde que, si bien no será tan transformadora como pensaron los últimos dos gobiernos ni constituirá una suerte de panacea, sí podría representar una contribución al desarrollo. Pero esto requiere de mayor certeza en los procesos de evaluación ambiental, reduciendo los espacios para que el activismo y el oportunismo frenen proyectos beneficiosos para el país y para el medio ambiente global.