Hora de cumplirle al campo nacional
Gonzalo Moreno
Durante décadas, el país ha puesto sus principales apuestas en la construcción de paz, bajo la premisa de que su consolidación impulsaría el desarrollo económico y social
Gonzalo Moreno
Durante décadas, el país ha puesto sus principales apuestas en la construcción de paz, bajo la premisa de que su consolidación impulsaría el desarrollo económico y social. Sin embargo, los resultados han sido parciales: persisten dinámicas de violencia, limitaciones institucionales y una deuda histórica con el campo colombiano. A pesar de este contexto, el sector rural ha demostrado resiliencia. El país mantiene un portafolio exportador agropecuario relevante, aunque prácticamente inalterado en los últimos 40 años: café, banano, flores, palma y azúcar, con avances recientes en carne bovina y aguacate. Esta estabilidad, lejos de ser una fortaleza, evidencia una oportunidad perdida frente a países como Perú y Chile, que han diversificado su oferta y generado mayor valor agregado. Si bien Colombia lidera en volumen de exportaciones agropecuarias, con más de US$15.000 millones, esta cifra puede generar una percepción engañosa. Mientras otros países han evolucionado hacia portafolios más sofisticados y competitivos, el nuestro sigue concentrado en productos tradicionales, con menor impacto económico y social. El reto es claro: empresarizar el campo colombiano. Esto implica convertirlo en un sector atractivo para la inversión, articulando a pequeños, medianos y grandes productores en modelos productivos eficientes, con acceso a tecnología, financiamiento y mercados. Insistir exclusivamente en esquemas de subsistencia limita el potencial del sector y expone al país a una mayor dependencia de importaciones. Hoy, Colombia importa más de US$10.000 millones en alimentos al año, una cifra significativa para un país con vocación agrícola. Esta realidad no solo refleja una brecha estructural, sino una oportunidad: sustituir importaciones de manera competitiva y proyectar al país hacia nuevos mercados internacionales. Experiencias como las de Chile y Perú demuestran que es posible construir modelos agroindustriales incluyentes, donde grandes empresas y pequeños productores se integran en cadenas de valor. Esquemas como la agricultura por contrato permiten transferir tecnología, asegurar ingresos y reducir riesgos para productores, mientras se fortalecen capacidades en procesamiento, logística y comercialización. Para avanzar en esta dirección, se requiere una acción decidida del Estado. Es fundamental garantizar condiciones habilitantes como seguridad jurídica, infraestructura, conectividad y eficiencia institucional. Entidades como el ICA, INVIMA y los ministerios deben operar de manera articulada para facilitar la inversión, promover estándares sanitarios y consolidar un entorno competitivo. Colombia tiene el potencial para convertirse en una potencia agroalimentaria. Cuenta con tierra, agua y conocimiento productivo. El desafío es pasar de las oportunidades identificadas a las decisiones concretas. Es momento de dejar de postergar el desarrollo rural y empezar a construir, de manera estructurada, el futuro del campo colombiano.
Presidente de Fenavi.