Lenin
"Mira, mijito, en este país se dicen las brutalidades más grandes y no pasa nada
"Mira, mijito, en este país se dicen las brutalidades más grandes y no pasa nada. Alguna que otra carta por aquí en 'El Mercurio', alguna buena columna ídem por allá, y fue. Como diría ese niñito Papelucho, 'lo que sucede es terrible, muy terrible'", espeta tía Waverly aquella fría y casi inolvidable mañana de abril. Y lo dice en serio, puedo dar fe. "¿Y cómo no lo voy a decir en serio, pues, mijito, si es gravísimo? Pero en Tontilandia no pasa nada. Porque también se hacen brutalidades y ya está. ¿Qué tal lo del Fiscal y el crédito universitario? ¿Y cuando en quince días, !quince días¡, el Estado recaudó más de 8 mil millones de deudores del CAE solo con el anuncio de que se iba a cobrar a los morosos? Pero, claro, para hacer alharaca de cosas que no existen, de las pestañas del ministro Quiroz o de gestos, opiniones y 'talveces o quizases' sí que somos los campeones de América, especialmente en el mundo de la siniestra".
Y bueno, pienso, no deja de tener razón en medio de su desasosiego senil. Y recuerdo a ese gran ministro que fue don Diego Portales, quien acuñara aquella célebre frase de que en Chile las cosas pasan por "el peso de la noche". Y si bien se refería al orden, es perfectamente aplicable a estas brutalidades de las que habla la tía.
Somos un país sin memoria. Incombustible para casi todo (salvo los termocéfalos adictos a la bencina), a ratos pareciera que somos una siesta permanente. Mientras tanto, Lenin se cuela por aquí y por allá, y los chilenitos como si nada.