Últimas cifras sobre un pobre legado
No es de extrañar que en algunas encuestas la economía haya desplazado a la seguridad como la principal preocupación de los ciudadanos.
La magnitud de la tarea que tiene por delante el Gobierno exige no abrir flancos innecesarios y una mejor coordinación de las autoridades.
Termina una semana en que se dieron a conocer distintas cifras que han ido consolidando el juicio sobre el pésimo resultado económico de la administración anterior. Cualquiera que haga un análisis desapasionado sobre lo ocurrido en ese período no puede sino llegar a la conclusión del deplorable legado del gobierno del Presidente Boric, en que al complejo panorama fiscal se agrega una economía con signos de estancamiento. El balance fiscal acumulado en lo que va del año da cuenta de un déficit de 0,6% del PIB, y dicha trayectoria -tal como lo plantea el reciente texto elaborado por la Dipres- es consistente con lo observado durante 2024 y 2025, años en que el déficit fiscal fue muy superior al previamente anticipado.
Junto a ello, la última encuesta de empleo del INE (trimestre móvil enero-marzo 2026) confirma los peores pronósticos. La tasa de desocupación nacional se elevó a 8,9%, alcanzando un 10% entre las mujeres, una tragedia para cientos de miles de familias chilenas. No exagera el Presidente Kast al calificar la situación como una auténtica "emergencia laboral".
Este pobre legado no surgió de la nada. La delicada situación fiscal y el preocupante deterioro de nuestro mercado laboral han sido en gran parte el resultado de una secuencia de gruesos errores tanto en la estimación de los ingresos como en las políticas públicas desplegadas por la administración Boric, todos los cuales fueron advertidos oportunamente por distintos especialistas. Las autoridades de entonces desoyeron las advertencias, privilegiando una agenda con tintes populistas -como, por ejemplo, el aumento desmedido e injustificado, sin correlato con la productividad, del salario mínimo-, cuyos efectos han causado este severo daño a las cuentas fiscales y en la creación de empleo.
A esta situación cabe sumar los efectos de la guerra en Irán sobre la economía chilena, particularmente por el alza del petróleo, cuyo impacto en los precios, el consumo y, en general, en la confianza de los inversionistas puede ser enorme. De ahí que no sea de extrañar que en algunas encuestas la economía haya desplazado a la seguridad como la principal preocupación de los ciudadanos.
Errores no forzadosFrente a un panorama como este, que exige una política de austeridad, focalización del gasto y crecimiento -una de las promesas de campaña que el nuevo gobierno pretende abordar con el llamado proyecto de Reconstrucción Nacional-, es lamentable que una serie de errores comunicacionales, filtración de documentos que revelan falta de un mínimo sentido político, diferencias públicas entre ministros, ausencia de coordinación, entre otras situaciones, terminen distrayendo los esfuerzos del objetivo central.
Uno de los problemas más comentados que ha exhibido el Gobierno en estos últimos días se refiere a la tarea asignada al llamado Segundo Piso. Hay en el papel que se les ha dado una contradicción con el diseño institucional difícil de salvar, pues más allá de la asesoría han asumido en los hechos tareas que debieran serles ajenas, como las de conducción política o la concreta política comunicacional del Gobierno. Ello origina inevitables conflictos, debilita a los miembros del gabinete y diluye las responsabilidades políticas de quienes ejercen los cargos de conformidad a la Constitución y las leyes.
Naturalmente, esta serie de errores no forzados desgasta las fuerzas para emprender los cambios necesarios, hace que la nueva administración pierda apoyo ciudadano y le da oxígeno a una oposición sin mayor credibilidad que no ha hecho siquiera una debida autocrítica de su gestión -es cosa de oír algunas declaraciones de dirigentes de izquierda este 1 de mayo- y que carece de un plan de reactivación económica serio que ofrecerle al país. En los errores de la administración de Kast, un marcado discurso populista que le está ganando a cualquier intento de renovación y, sobre todo, en que con el paso del tiempo la ciudadanía olvide lo ocurrido cuando encabezaron el gobierno, parecen estar puestas las esperanzas de la izquierda para retornar en cuatro años más al poder.
Así, en una semana en que se consolidaron las cifras del mal resultado económico del gobierno de Boric, poco se ha hablado de la responsabilidad de las autoridades de entonces y de las razones de hacer un golpe de timón, centrándose la atención pública en errores políticos que revelan cierta improvisación o ligereza para encarar problemas complejos. Por ejemplo, cada recorte del gasto no solo debe estar técnicamente justificado, sino que debe poder explicarse con claridad a la ciudadanía, la que exige saber las razones que hay detrás de ello y el impacto que puede tener en las políticas públicas. Esta ineludible tarea de ajustar el gasto y actuar con responsabilidad fiscal debe estar acompañada de una labor pedagógica que también incluya el por qué en el mediano y largo plazo ello será beneficioso para todos.
La magnitud de la tarea que tiene por delante el Gobierno exige no abrir flancos innecesarios y una mejor coordinación de las autoridades.