Sábado, 09 de Mayo de 2026

Suplementos vitamínicos sin control, un riesgo para los chicos

ArgentinaLa Nación, Argentina 7 de mayo de 2026

Píldoras rosa En los últimos años, un fenómeno silencioso pero creciente se ha instalado en la práctica cotidiana de muchas familias: la suplementación vitamínica en niños basada en información obtenida en redes sociales

Píldoras rosa



En los últimos años, un fenómeno silencioso pero creciente se ha instalado en la práctica cotidiana de muchas familias: la suplementación vitamínica en niños basada en información obtenida en redes sociales.

Grupos de padres, cuentas de Instagram, videos en TikTok y foros digitales se han convertido en fuentes de consulta frecuentes frente a dificultades en el desarrollo infantil. Bajo la premisa de "ayudar" o "probar algo más", muchas madres y padres comienzan a incorporar suplementos, modificar dietas o eliminar grupos de alimentos sin una evaluación médica adecuada. El problema no es la intención . Es el método.

En la consulta clínica, cada vez es más frecuente encontrar niños que llegan consumiendo múltiples suplementos: omega 3, magnesio, zinc, vitaminas en altas dosis, aminoácidos, probióticos e incluso compuestos sin regulación clara. En muchos casos, estas indicaciones no provienen de profesionales médicos, sino de recomendaciones compartidas entre padres en redes. Se construyen así verdaderos "protocolos caseros", replicados de familia en familia, sin considerar que cada niño tiene una historia clínica, un contexto biológico y necesidades específicas.

A esto se suma la implementación de dietas restrictivas sin supervisión. Dietas sin gluten, sin lácteos, sin azúcares o combinaciones de múltiples restricciones aparecen como soluciones generalizadas frente a problemas conductuales o del aprendizaje. Pero no todo niño necesita lo mismo. Este es el punto crítico: la falta de individualización. Muchos niños presentan trastornos del aprendizaje, dificultades en el lenguaje o problemas conductuales que tienen causas orgánicas específicas: déficits nutricionales reales, alteraciones metabólicas, trastornos del sueño, condiciones neurológicas o gastrointestinales.

Cuando estas condiciones no son evaluadas correctamente, y en su lugar se aplican estrategias generalizadas tomadas de redes, el riesgo no solo es no mejorar, sino empeorar la situación. La suplementación inadecuada puede generar desequilibrios . Excesos de ciertos micronutrientes, interacciones entre suplementos, sobrecarga hepática o simplemente una falsa sensación de estar "haciendo algo" mientras la causa real permanece sin abordar. Lo mismo ocurre con las dietas mal indicadas. Restringir alimentos sin un criterio clínico puede llevar a déficits nutricionales, pérdida de variedad alimentaria y mayor selectividad, especialmente en niños que ya presentan dificultades en la alimentación.

En este contexto, la conducta vuelve a ser mal interpretada. Un niño que está más irritable, más cansado o con menor capacidad de atención puede estar respondiendo a un desequilibrio biológico. Pero si ese estado se lee únicamente como un problema conductual, se agregan más intervenciones conductuales o más suplementos, sin revisar el origen. Se entra así en un círculo que se retroalimenta. Las redes sociales cumplen un rol central en este fenómeno. La experiencia individual se presenta como evidencia, los resultados aislados se generalizan y se pierde de vista la complejidad del desarrollo infantil. Lo que funcionó para un niño no necesariamente es adecuado para otro. La salud infantil no puede basarse en algoritmos ni en tendencias. Esto no implica desestimar el rol de la nutrición o la suplementación. Por el contrario, implica jerarquizarlo. Evaluar correctamente, indicar cuando corresponde y monitorear de manera adecuada. La diferencia está en el criterio clínico . Un enfoque serio requiere estudios, seguimiento y una comprensión integral del niño. No alcanza con copiar protocolos ni con acumular suplementos.

Es necesario volver a una medicina basada en la evaluación individual. Porque cuando la intervención no está bien dirigida, el riesgo no es solo la falta de resultados. Es la posibilidad de agravar un cuadro que ya es complejo. En un momento donde la información está al alcance de todos, el desafío no es acceder a más datos, sino saber cuáles son válidos.

Y en salud infantil, esa diferencia es fundamental.

Médica especialista en Neurodesarrollo para Niños y Adolescentes
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