El Comercio, Perú
10 de mayo de 2026
¿Por qué el crecimiento está contribuyendo menos a la reducción de la pobreza que antes? La respuesta no está en el modelo económico, sino en la distracción del Estado y el populismo del Congreso.
Esta semana, el INEI publicó los datos de pobreza para el 2025, evidenciando que poco más de medio millón de peruanos han dejado esta condición. Esa es sin duda una buena noticia, pero que trae cola. Seguimos cinco puntos porcentuales por encima del nivel de pobreza de antes de la pandemia, y nos mantenemos como uno de los pocos países de la región que no alcanza este nivel. Por su parte, aunque la pobreza ha retrocedido, más personas han entrado a la categoría ?vulnerable? que a la categoría ?no pobre ni vulnerable?.A esto se suma un mayor avance de la pobreza urbana, una tendencia que lleva varios años sin ser atendida, y un preocupante aumento de la pobreza extrema en Lima Metropolitana. Todo esto a pesar de las buenas condiciones externas que ha tenido la economía, como el fortalecimiento de la inversión privada, mejoras en las cifras de empleo y el crecimiento. Antes de cantar victoria, corresponde preguntarnos: ¿por qué el crecimiento está contribuyendo menos a la reducción de la pobreza que antes?La respuesta no está en el modelo económico o en la actividad económica misma, sino en la distracción de quien debería ser el habilitador de las condiciones para que el crecimiento se traduzca en bienestar: el Estado. Llevamos años debatiendo sobre la necesidad de medidas específicas contra la pobreza urbana, sin cambios claros a la vista. Servicios como el transporte, la seguridad ciudadana y la salud resultan críticos para combatir pobreza y vulnerabilidad, pero no ven cambios significativos no solo en inversión, sino también en lo más deteriorado de los últimos años: gestión pública. Por su parte, no hay combate sostenible de la pobreza sin empleos de calidad. Mejorar la empleabilidad, productividad, formalidad y dinamismo del mercado laboral requiere presupuesto, sí, pero sobre todo voluntad política.¿Y el Estado? Distraído. El Congreso, sin mayor resistencia del Ejecutivo, ha aprobado medidas que reducirían la recaudación mientras aumentan el gasto en miles de millones en medidas populistas, arriesgando la estabilidad fiscal que tantos años nos ha costado construir y poniendo en mayores aprietos el cumplimiento de nuestras reglas fiscales. Según Apoyo Consultoría, solo el último aumento que el Congreso hizo a su propio presupuesto habría podido cubrir más de la mitad de lo que le falta a Pronabec para cubrir las becas de cientos de jóvenes. Pero ellos no parecen ser la prioridad. Y luego está ?siempre? Petro-Perú. La empresa estatal lleva cuatro años consecutivos de pérdidas, una deuda absolutamente insostenible, mantiene una gestión errática y ningún avance en su reforma. Sin embargo, pide ahora un nuevo rescate de US$2.000 millones. Dejo al lector el cálculo de todo lo que podríamos financiar con ese monto en lugar de destinarlo a un agujero negro.Y entonces, ¿cómo combatimos mejor la pobreza? Así las cosas, desde el Estado parecen¿aparecen? decisiones de segundo orden, que tendrán que esperar. No quiero cerrar este espacio dando a entender que el crecimiento no reduce la pobreza: lo ha hecho, lo hace y es una absoluta condición para ello. Pero queremos que lo haga con más fuerza y eso requiere un Estado que haga su parte. Quizás toque recordarle algo para aumentar la urgencia: no son puntos porcentuales, son personas.