Las dos caras de Cepeda
Muy oportuna la entrevista de EL TIEMPO al candidato Iván Cepeda, que permitió oírlo hablar espontáneamente, sin guion en la mano
Muy oportuna la entrevista de EL TIEMPO al candidato Iván Cepeda, que permitió oírlo hablar espontáneamente, sin guion en la mano. Hay que escucharla una y otra vez, para entender el oscuro futuro que nos espera de alcanzar la presidencia. Ante la debacle de la seguridad pública, dijo que los problemas de hoy son "producto de la economía global del narcotráfico y de la minería ilegal". No son resultado de la Paz Total. Confirmó que la solución al conflicto no es militar y les dio respiración artificial a varios de los procesos de paz en curso, los cuales va a "examinar" uno a uno. La única línea roja que tendrá en cuenta es que no toquen a líderes sociales. Nada dice del resto de la población. Es decir, más de lo mismo. Sálvese quien pueda. En relación con el respeto a la propiedad privada o si, por el contrario, promovería la expropiación "exprés", se escabulló afirmando que, en medio de la agobiante burocracia nacional, hay que hacer es que todos los procedimientos del Estado sean "exprés". Que no quepa duda, la expropiación será noticia diaria. Es de su ideología. Frente a la grave crisis de la salud que vivimos, con el cierre diario de hospitales, su respuesta fue cínica: "Somos herederos de un desastre". Para él lo que ocurre no es fruto de la política de salud del Pacto Histórico, que destruyó lo que había, sino resultado de la "privatización de la salud". ¡Qué tal! Si lo que desmontaron fue un sistema que cubría al 95 % de la población y que hoy solo deja largas colas de frustración y muerte, al frente de los centros hospitalarios. Nos quitaron hasta la salud y ¿van a reelegirse? En relación con la quiebra del país, manifestó que debe ser un asunto "que debe ser discutido", aunque anticipó su fórmula de que los ricos paguen impuestos, como lo hace el resto de la población. Sin abordar el fondo del asunto, dejó verle las orejas al burro. Porque no les asigna importancia alguna al problema del gasto desbordado y populista, al tamaño del Estado o a las venas rotas de la corrupción. Es decir, sin afirmarlo, vendrán más impuestos confiscatorios. La entrevista también contribuyó para refrendar su lealtad sin límites con este gobierno y para tirarle un salvavidas a Petro frente a los escándalos de corrupción vividos, algunos de los cuales han tocado a la propia Casa de Nariño. Al efecto, construyó el concepto de que la corrupción es un fenómeno sistémico, que abarca a todas las ramas del poder y se ha visto en todos los gobiernos. Su visión de lo acontecido en estos cuatro años es impúdica, porque no hay otro antecedente en el que la corrupción haya tocado las fibras íntimas del poder presidencial. El final de la entrevista dejó ver las dos caras de Cepeda. A propósito del llamado Acuerdo Nacional que promueve, quedó expuesto ante la pregunta de si es cierto que si no funciona, como él quiere, nos impone una constituyente. Preguntó sin vacilar: "¿De dónde proviene esa afirmación?". Y continuó: "Si uno va a comenzar un camino de un acuerdo nacional, mal haría en comenzarlo con una amenaza". Le mintió al director de EL TIEMPO. Porque en su programa, Cepeda afirma que su propuesta "es que, sobre el plano de la movilización y el poder constituyente fortalecidos, se desarrolle un diálogo nacional que conduzca un verdadero acuerdo de toda la nación. La movilización social y el poder constituyente, en este caso, son la garantía de que no iremos simplemente a un pacto de élites o hacia un acuerdo de reformas cosméticas" (pág. 136). El candidato terminó con una extravagancia, que ha pasado de largo. Afirmó que las reformas por el camino del Congreso "son engorrosas", por lo cual se propone legislar mediante decretos sobre lo divino y lo humano, a partir de facultades extraordinarias. ¿Nadie oyó? Hay dos Cepedas. ¿Cuál va punteando? Taponazo. Nadie puede olvidar que mediante leyes "habilitantes" de facultades extraordinarias Chávez impuso en Venezuela su modelo comunista, sin pasar por el Congreso.
Al fin habló sin guion
Néstor Humberto Martínez Neira
Terminó con una extravagancia. Que las reformas por el camino del Congreso ‘son engorrosas’, por lo cual se propone legislar mediante decretos sobre lo divino y lo humano, a partir de facultades extraordinarias.