Junta y gerencia
Carlos Téllez
La relación entre una junta directiva o asesora y la gerencia es pieza clave del gobierno corporativo
Carlos Téllez
La relación entre una junta directiva o asesora y la gerencia es pieza clave del gobierno corporativo. Cuando funciona bien, eleva la calidad de las decisiones, dinamiza su ejecución y fortalece la estrategia desde mantenerla vigente a partir del diálogo franco. Cuando funciona mal, resulta en fricción por confusión de roles, erosión del gobierno y pérdida de oportunidades para generar valor en la empresa. Tener claridad sobre las expectativas mutuas es fundamental para construir esta relación. Una junta espera de la gerencia, por ejemplo, transparencia, apertura al diálogo, liderazgo ejecutivo y criterio estratégico. Más que reportes, desea insumos útiles para tomar decisiones, una lectura práctica del contexto conectada con sus implicaciones potenciales para el futuro, y conversaciones que realmente aprovechen el conocimiento y experiencia del directorio para bien de la empresa. Por su parte, la gerencia espera de la junta preparación, atención y participación en las conversaciones, actitud de aprendizaje y entendimiento del negocio, y preguntas estimulantes que eleven la reflexión y la calidad de las decisiones para lograr objetivos. Si bien espera control y exigencia, también desea consejo y compromiso con los resultados. Para construir esta relación necesitamos observar algunos riesgos potenciales. En ocasiones la frontera es borrosa, y podemos caer en la junta distante a la que apenas se da reporte o en un directorio tan involucrado que suplanta a la gerencia. Cuando los egos son fuertes en junta y gerencia aparece el riesgo de la competencia, y en el caso de la junta como escenario de conflicto, por ejemplo entre accionistas, la gerencia suele tomar distancia. Un riesgo constante es la asimetría natural de información y entendimiento del negocio que existe entre las partes. No es necesario, y es poco probable, cerrar de manera permanente esa brecha, pero es fundamental reducirla intencionalmente para algunas conversaciones y decisiones. Dadas estas expectativas y riesgos, es necesario construir esta relación de manera continua y deliberada. Las buenas prácticas básicas recomiendan, entre otras, acordar y hacer visibles las fronteras, por ejemplo, sobre las atribuciones de decisión, los canales de comunicación y los espacios de intervención. El papel de la presidencia de la junta es central para construir y cuidar esta relación, sirviendo de puente permanente entre directorio y gerencia, acordando con ella agendas relevantes, y velando por sesiones valiosas con discusión y carácter estratégico. Una buena relación entre junta y gerencia no elimina tensiones naturales, pero asegura que sea productiva. La junta no gerencia, pero tampoco se limita a escuchar. La gerencia no gobierna sola, pero necesita espacio para gestionar. La búsqueda dinámica del equilibrio correcto mantiene saludable la relación y contribuye a construir buen gobierno corporativo.
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