Oposición sin proyecto
Más allá de su virulento rechazo a las propuestas del Gobierno, levanta un discurso que no logra conectar con la ciudadanía.
La oposición ha manifestado, con distintos grados de virulencia, incluidos los intentos de bloqueo legislativo por inundación de indicaciones, sus desacuerdos con los planteamientos del Gobierno. Sin embargo, no ha logrado transmitir coherencia en sus posturas, ni ha delineado un proyecto alternativo discernible que ofrecerle al país.
Hay diferencias entre lo que fuera el bloque Apruebo Dignidad (PC y FA) y el Socialismo Democrático (SD), tanto en su lenguaje como en lo que aspiran a representar. Mientras el PC sigue sosteniendo públicamente que su matriz marxista-leninista no ha sido modificada, en abierta discrepancia con el modelo de democracia liberal al que la población adhiere mayoritariamente, y el FA no abandona las posturas críticas respecto de la sociedad chilena que lo llevaron a apoyar decididamente la Constitución propuesta por la Convención -ampliamente rechazada por la ciudadanía-, el SD se mueve en un espacio de ambigüedad respecto de cómo quiere posicionar su forma de hacer oposición.
La dificultad que enfrenta el sector tiene dos fuentes. Por una parte, la imagen con la que quisieron describir al candidato y posterior Presidente Kast, como un personaje de "extrema derecha", con posiciones abiertamente "iliberales" y cuyas propuestas constituyen "un inmenso retroceso en los derechos adquiridos" de la gente, no ha logrado conectar con la población. En buena medida, porque no se ajusta a la realidad y, en consecuencia, esta no la percibe como tal. Por el contrario, Kast tiene un estilo y un lenguaje moderados, además de convicciones democráticas acendradas, muy distintas a las de los personajes con los que se le pretendió equiparar. Ese camino no ha sido fecundo para la oposición de izquierda.
Por otra parte, la oposición no tiene un proyecto claro que ofrecer a la ciudadanía, algo que no solo le está ocurriendo a la izquierda chilena, sino que también a gran parte de la izquierda mundial. Los planteamientos que proponen no solo no resuenan con las preocupaciones actuales de las personas, como sí ocurrió en algún momento, sino que, además, tienden a sonar vacíos, porque en las últimas instancias en las que tuvieron el poder -el segundo gobierno de Bachelet y el reciente de Boric- esos planteamientos no fueron capaces de proveer soluciones a los problemas de la población ni trajeron prosperidad, sino que, por el contrario, durante ellos las ansias por mayor seguridad y combate a la delincuencia, así como por más crecimiento económico -las actuales exigencias de la ciudadanía- estuvieron lejos de verse satisfechas.
Así pues, la izquierda tiene pendiente una ardua tarea para calibrar qué tipo de oposición plantear y qué proyecto atractivo de futuro es capaz de proponer.