Mi alma me esperaba
Hablo con mi alma desde hace años, aunque solo recientemente aprendí a reconocer su voz
Hablo con mi alma desde hace años, aunque solo recientemente aprendí a reconocer su voz. Antes creía que era yo quien pensaba, temía y recordaba. Ahora sospecho que ella estaba primero: silenciosa, aguardándome.
A veces regreso a ese niño. Lo veo en el patio de atrás, junto a mi hermano, bajo la mirada de mi madre. Mis ojos todavía eran transparentes. No conocía la vergüenza ni la crueldad de los otros. Mi alma ya habitaba en mí, intacta, antes de que aprendiera a esconderla bajo el silencio y las obligaciones de los hombres.
Después llegaron las heridas: las palabras, las burlas, el descubrimiento temprano de que los otros podían lastimar. Mi alma lo sabía antes que yo. Permaneció conmigo mientras temblaba mi cuerpo.
También estuvo en las manos de mi padre y en el trabajo silencioso con que sostuvo nuestro pequeño mundo. Y en mi madre: en sus ojos descubrí la belleza, el amor y el miedo a perder.
Ahora siento que mi alma ya no me espera tan lejos. Descansa dentro de mí como al principio. Y cuando pienso en la muerte, no la imagino vacía ni oscura, sino llena de presencias: las manos de mi padre, la voz de mi madre, el aroma de las rosas y la lavanda, mis niños jugando otra vez alrededor mío.