Lunes, 22 de Junio de 2026

Tomas, una dinámica absurda

ChileEl Mercurio, Chile 22 de junio de 2026

Los derechos de la comunidad universitaria no pueden quedar a merced de un grupo.

En un contexto de profundos desafíos para la educación superior, cabe desear éxito a la nueva rectora de la Universidad de Chile, la destacada académica Alejandra Mizala. Mizala asume al frente de una universidad cuyo prestigio, autonomía y misión formativa está llamada a resguardar. La tarea no es sencilla porque, junto con sus indiscutibles activos como plantel de excelencia, evidencia también complejos problemas de gobernanza. Así, la comunidad universitaria espera de su rectora un liderazgo capaz de enfrentar con decisión los problemas estructurales y proyectar a la institución hacia el futuro.
Sin embargo, junto con valorar su llegada al cargo, no puede ocultarse la inquietud que han generado sus definiciones frente a las tomas estudiantiles. Y ello, pues, si bien las ha criticado con fuerza, ha descartado la opción de desalojarlas. "Desalojo, no. Tengo que proteger que la comunidad no se quiebre, voy a insistir siempre en el diálogo porque ha ido dando resultados", ha dicho.
Por cierto, el diálogo debe ser el primer camino para resolver conflictos, pero una autoridad no puede renunciar de antemano a ejercer las atribuciones que le permitan garantizar el funcionamiento regular de su institución. Lo contrario supone reconocerles a las tomas una legitimidad de facto, desde el momento en que se anticipa la disposición a negociar con quienes las instiguen. El punto es que una toma nunca es legítima, aun cuando haya sido aprobada en una votación, pues implica atropellar derechos del resto de la comunidad universitaria. En efecto, ni el derecho a la educación de un estudiante ni el derecho del cuerpo académico para ejercer sus tareas pueden quedar a merced de los designios de un grupo, sea este mayoritario o no. Desde otra mirada, tampoco debiera escapar a la rectora el daño que a la Universidad le ha generado la percepción de indisciplina en su calendario académico, efecto de la recurrencia de las tomas.
En este sentido, se debiera tener en cuenta lo planteado en una irónica carta por el académico Juan Carlos Castillo, del campus Juan Gómez Millas, habitual escenario de ocupaciones. "No se confundan: la mayor parte de las veces la toma es el fin, no el medio", ha escrito, develando cómo suelen obedecer a una lógica de activismo que se repite cíclicamente, donde, "por lo general, primero se toma la facultad o el campus, y recién después se piensa en algún petitorio que lo justifique". Renunciar a enfrentar aquello con todos los instrumentos que la legalidad ofrece es seguir alimentando una dinámica absurda.
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