El Comercio, Perú
25 de junio de 2026
En 1982, en pleno fenómeno de El Niño, Oswaldo Cattone estrenó en el Perú ?El diluvio que viene?, una obra de teatro donde una comunidad ?incluidos un sacerdote y un alcalde? debe construir un arca ante un segundo diluvio universal en tiempos modernos
En 1982, en pleno fenómeno de El Niño, Oswaldo Cattone estrenó en el Perú ?El diluvio que viene?, una obra de teatro donde una comunidad ?incluidos un sacerdote y un alcalde? debe construir un arca ante un segundo diluvio universal en tiempos modernos. Los defectos y errores de cada personaje, incluyendo la burocracia, hacen que nada salga bien, y parece que la humanidad perecerá. Pero, gracias a la solidaridad y la empatía, la comunidad sobrevive. Final feliz; el arte es libre.El fenómeno de El Niño ha sido anunciado y sabemos que traerá lluvias, huaicos e inundaciones, y que también expondrá las debilidades de la salud pública, la gestión ambiental y la organización territorial. ¿Estamos a tiempo de actuar? La prevención debe ser una política integral y permanente, no una reacción frente al desastre.El Premio a las Buenas Prácticas en Gestión Pública nos ha enseñado que el país cuenta con herramientas, experiencias y programas que permiten reducir riesgos, pero su impacto depende de que funcionen articuladamente y lleguen a tiempo a la población.Un primer eje es la información. El uso de radares meteorológicos como SOPHy, desarrollado por el Instituto Geofísico del Perú, junto con datos del Senamhi e imágenes satelitales, permite detectar lluvias y prever la activación de quebradas. Estas tecnologías deben traducirse en información para la toma de decisiones concretas: alertas oportunas y activación real de planes de contingencia municipales.La prevención también exige controlar los riesgos. Los botaderos y puntos de disposición inadecuada de residuos pueden convertirse, durante las lluvias, en focos de enfermedad. Por eso, la fiscalización del OEFA y el uso de plataformas como el Portal Interactivo de Fiscalización Ambiental (PIFA) son claves para alertar a los municipios, gestionar la limpieza pública y evitar la proliferación de mosquitos y otros agentes vinculados al dengue, zika, chikunguña, leptospirosis e infecciones gastrointestinales.Pero nada será suficiente sin comunicación pública clara, inclusiva y culturalmente pertinente. El Minsa, a través del SIS y las redes integradas de salud, ha mostrado que informar implica adaptar mensajes a jóvenes, familias y territorios específicos. La ciudadanía debe comprender qué hacer antes, durante y después de las lluvias: eliminar criaderos, usar repelente, reconocer síntomas de alarma, conservar alimentos, evitar agua contaminada y acudir oportunamente a los servicios de salud.De igual modo, la seguridad alimentaria debe asumirse como un determinante de la salud: comedores populares y ollas comunes formalizados y equipados pueden sostener la nutrición de familias vulnerables durante crisis climáticas o sanitarias. Ello sumado a las alianzas público-privadas que pueden potenciar la prevención cuando se combina logística, asistencia técnica y recursos especializados.¿Tendremos final feliz? Esperamos que el liderazgo político de las actuales y nuevas autoridades esté a la altura de la gestión pública que nos merecemos ante riesgos anunciados.