Orsi y Messi
¿En qué se parecen y en qué se diferencian el astro argentino y el presidente uruguayo?
El fútbol (viernes 26 a la mañana) y las encuestas engendran el acertijo: ¿en qué se parecen y en qué se diferencian el presidente Yamandú Orsi y Lionel Messi? No son hábiles declarantes y se atribulan ante los micrófonos y en eso se parecen, la diferencia es que Messi hace goles.
El presidente tiene que hacer goles, imponer y hacer valer la autoridad del cargo para el cual fue elegido, con hechos, con decisiones (goles son amores). Si no, su imagen continuará en caída libre: los datos de Cifra son descacharrantes. Hoy de cada 100 uruguayos 65 desaprueban la gestión del presidente y solo 20 la aprueban. En febrero eran 46 los que desaprobaban y aún la aprobaban 31.
Hasta la popularidad del presidente viene barranca abajo y era una de sus ventajas comparativas: su campechanía, la de un vecino mas, la de "canario bueno". Hoy "la antipatía" escala al 52 %, más de la mitad de la población, mientras en febrero era de un tercio (36%). Aquel mes, en cambio lo veían con simpatía más de la mitad (51%) y hoy los simpatizantes cayeron al 34%.
Y tal como va la cosa, puede empeorar. Podría mejorar, por supuesto, pero para ello Orsi, su gobierno, debe cambiar la pisada. ¡Debe hacer goles!; y debe evitar los goles en contra: sin arquero, con defensas que poco juegan para el equipo, ¿cómo evitar transformarse en un "colador"? Con el ministro de Trabajo, Juan Castillo cuidando el arco, más Lustemberg y sus aprendizajes en la Cuba fidelista, y Lubetkin, tratando de tapar el cielo con el meñique con blancos fáciles (Bustillo, por ejemplo), es difícil salir.
Lo de Castillo sorprende: la pesca, la supervisión gubernamental previa de despidos, su desaprobación, ya antes de que lo designaran, del ministro de Economía Oddone, al que recurrió Mujica para no "asustar" a inversores y a empresarios; así no. Dicen los analistas que sin inversión, la que está quietita y expectante, la economía seguirá estancada: con baja de la demanda de trabajo y fuga o suspensión de tareas en más empresas; no es fácil. El tándem Castillo-Pit-Cnt, éste al mando de Abdala también del mismo partido (PCU) y con licencia gremial "ad infinitum" tiene los efectos destructores de un terremoto grado 8, por lo menos; se trata de la aplicación "salvaje" de la dialéctica marxista, leninista y stalinista: la de que "lo peor es lo mejor". ¿Hasta adónde piensan llegar? ¿hasta cuándo Orsi lo va a permitir?
Castillo desautoriza o le falta el respeto al presidente: no le gusta lo del portaaviones, lo de los vehículos militares y su PCU apoya dictaduras y a terroristas, complicando el equilibrio de la política externa. ¿Qué imagen se da con ello? Si Castillo discrepa con todo ¿por qué no renuncia? ¿por qué Orsi no lo saca? La gente se pregunta, los empresarios y sus asesores, los inversores y sus consejeros se lo preguntan: ¿cuál es el arreglo? ¿"quién manda"?, ¿el MPP, mayoría en el FA por decisión de sus votantes, o los "cuadros" y la disciplina de esa pequeña "nomenklaturita" compuesta por una minoría fanática y bien regimentada. ¿El MPP le tiene miedo al PCU? ¿En el MPP quién lidera?, Orsi elegido en la internas y por mayoría popular, o esa multiplicidad de "anotados", que se creen hábiles declarantes y sabelotodo. Con tantas "pifias" es difícil evitar goles en contra y mucho más hacer alguno a favor.
Héctor Rodríguez tenía razón: ya se los contaré una semana de estas.