Viernes, 17 de Julio de 2026

Krauss y la deriva DC

ChileEl Mercurio, Chile 16 de julio de 2026

El contraste entre el pasado y el presente del partido falangista no es solo una cuestión de votos, sino, sobre todo, de identidad.

Junto con sentidas muestras de pesar, la muerte del exministro Enrique Krauss también dio lugar a una revalorización del papel que jugó su partido, la Democracia Cristiana, en la transición a la democracia, cuando actores como el expresidente Aylwin, Edgardo Boeninger, Gabriel Valdés o el propio Krauss contribuyeron a restablecer la convivencia en un marco de diálogo, moderación y respeto. La actitud de figuras como ellos y de otros dirigentes de la ex-Concertación, así como la de una oposición firmemente comprometida con el éxito del proceso, hicieron de esa transición un período notablemente fructífero para el país.
Pero precisamente por eso, también el fallecimiento de Krauss evidenció, por contraste, la disminuida situación en que hoy se encuentra la colectividad de la que fuera históricamente militante, gran parte de cuyas figuras han abandonado sus filas y cuyo caudal de votos se ha visto severamente mermado. Peor aún, si bien la DC conserva cierta representación institucional, ha perdido aquello que hacía decisiva su presencia: una identidad reconocible, una estrategia nacional y la capacidad de ordenar el centro político. La vieja ambición falangista de representar simultáneamente a trabajadores, clases medias, comunidades cristianas, profesionales y sectores populares se fue diluyendo en el tiempo. En su lugar, ha emergido una organización sin rumbos claros, que, en busca de asegurar su supervivencia, ha terminado aliándose incluso con el Partido Comunista, la misma ideología a la que desde sus orígenes había buscado confrontar por su carácter antidemocrático y contrario a los principios cristianos.
Hoy, además, es difícil encontrar coherencia en su acción política, donde si por un lado se observa una bancada de diputados que intenta mantener cierta distancia de la izquierda y que se abre a buscar puntos de encuentro con el oficialismo, por otro, sus tres senadores (Yasna Provoste, Francisco Huenchumilla e Iván Flores) comparten comité con el Partido Comunista y el Frente Amplio. La injuriosa arremetida de uno de ellos contra sus pares PPD, a raíz de los entendimientos de estos con el Gobierno, grafica su línea o, más bien, la falta de ella.
Es verdad que los partidos democratacristianos han perdido protagonismo en un mundo aceleradamente secularizado, muy distinto de aquel que los viera nacer. Sin embargo, en los lugares en que aún subsisten como fuerzas significativas, se identifican en general con la centroderecha. Y en Chile, si bien históricamente la DC se ubicó en la centroizquierda, lo hizo manteniendo una identidad clara, que figuras como Enrique Krauss, carente de odiosidades y lejano de cualquier postura extrema, representaban en su mejor versión. Sin recuperar esa identidad, parece muy difícil que su destino sea otro que el de una cada vez mayor irrelevancia.
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