Una anécdota para recordar
Compartí años atrás con el recientemente fallecido don Enrique Krauss, en un almuerzo que organizó este diario con los escritores de esta columna
Compartí años atrás con el recientemente fallecido don Enrique Krauss, en un almuerzo que organizó este diario con los escritores de esta columna. En él, don Enrique contó la siguiente anécdota que, aparte de ser notable, fue narrada con singular gracia: en la presidencia de Eduardo Frei Montalva obraba de secretario general de Gobierno Germán Becker, que era un gran bromista. En una oportunidad, el Presidente nombró un nuevo ministro y, cuando se acercaba la primera reunión ministerial, Germán Becker lo llamó y le dijo que el Presidente había instaurado una tradición que todos los demás ministros ya habían cumplido, y que consistía en que en la primera reunión de gabinete a la cual asistían debían cantar de pie la canción de Yungay. Le insistió en que el Presidente era muy nacionalista y que no le perdonaría no cumplirla, por lo que en algún momento de la reunión, él le indicaría con un gesto cuándo proceder. Pues bien, el día de la reunión, no bien iniciada, Becker le guiñó un ojo y, ante el estupor de todos, el nuevo ministro se paró y entonó el conocido himno patriótico, y solo se detuvo al advertir el desconcierto de todos y las risas burlonas de Becker. De más está decir que nunca le perdonó la broma, la que además le valió al bromista un severo reto del Presidente.
Es que, además de sus virtudes como hombre público, don Enrique tenía aquella de ser un muy ameno narrador de lo que llaman la " petite histoire " de la política.