Lunes, 20 de Julio de 2026

El síndrome de la Odisea

ChileEl Mercurio, Chile 19 de julio de 2026

La recuperación de la normalidad tras una crisis suele ser más compleja y peligrosa que la tormenta que la causó.

Volver a Ítaca no es fácil. Si alguien pensó que sería un viaje corto -algo así como de unos pocos meses-, el poema épico de Homero da cuenta de que el regreso al hogar suele ser más complejo de lo anticipado. Esto no es muy diferente a las dificultades que significa descender de la cumbre tras alcanzarla: el cansancio y la exigencia que sufren las piernas al soportar el peso corporal elevan la complejidad del retorno a casa.
La ruta para volver no es necesariamente la misma que la ruta de ida, y la embarcación puede haber quedado averiada después del largo recorrido y las batallas. Además, el nuevo camino está plagado de cantos de sirenas. Así como la ida estaba llena de promesas de gloria, la vuelta no está exenta de riesgos. El cansancio aumenta la disposición a tomar atajos o a no querer reconocer la dirección de los vientos, donde cualquier desvío o error alienta la desesperación entre los tripulantes.
Las dificultades económicas son evidentes también. Las raciones escasean, pero parar a recoger alimentos abre el riesgo de desviar la ruta o atrasar la llegada. Esta elección -esencia del problema económico- forma parte de cualquier aventura, pero especialmente en la vuelta a Ítaca. Cuando hay que decidir entre el riesgo de un monstruo de seis cabezas y un remolino gigante, no hay espacio para pasos en falso. La consideración de costos y beneficios de cada decisión debe estar bien calibrada.
Ítaca ha cambiado: la ausencia prolongada de Ulises ha alimentado el desorden y la discordia. Pero el sueño de la normalidad no ha desaparecido, y nunca lo hará. Aunque la mayoría cree muerto a Ulises y, por tanto, el sueño del orden y prosperidad, las cenizas de la buena convivencia y del liderazgo propositivo no se han apagado, y prenderán con fuerza a su llegada. El problema es que los tiempos no siempre calzan con las expectativas de los habitantes de Ítaca y la demora causa impaciencia.
Los guerreros también han cambiado; el paso del tiempo hace que no sean los mismos. El cansancio y la batalla han modificado sus convicciones y perspectivas, haciendo que los tripulantes vayan desarrollando diferencias que, al poco andar, se transforman en resquemores y disputas. Unos quieren acelerar el paso, mientras otros prefieren un tranco lento y más seguro. Pero aun así, la tripulación conserva la esperanza de volver a casa con gloria y retomar la vida familiar que extraña.
La recuperación de la normalidad tras una crisis suele ser más compleja y peligrosa que la tormenta original que la causó. La sabiduría de Ulises, la claridad en las metas y la paciencia fueron claves para que, después de varios años, la calma retornara a Ítaca.
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