La política
y la panela
Luis Felipe Yagüe, un vendedor ambulante de panela en Florencia, Caquetá, tocó la puerta de uno de sus clientes habituales, un profesor universitario
Luis Felipe Yagüe, un vendedor ambulante de panela en Florencia, Caquetá, tocó la puerta de uno de sus clientes habituales, un profesor universitario. El profesor, molesto porque Yagüe había votado por Abelardo De La Espriella, le anunció que no le compraría más. No era una simple decisión privada, sino un gesto performativo, pues, antes de abrir la puerta, encendió la cámara de su celular para grabar el desplante, con el que pretendía castigar al comerciante. Salió mal: el video se viralizó, la gente se solidarizó con el humillado septuagenario y sus ventas se dispararon. El presidente electo lo invitó a la posesión. Más allá del previsible tiro por la culata, el episodio se presta para una reflexión sobre un asunto cada vez más notorio en estos tiempos de polarización: la politización histérica de todos los aspectos de la vida. Incluso aquellos que, en principio, son ajenos a la política. Como la compra de dos libras de panela. Suele afirmarse, como si fuera una gran revelación, que "lo personal es político" o que "todo es político". Pero esa es una noción falsamente profunda. Por supuesto que todo, llevado a sus últimas consecuencias, es político. Si compro productos chinos en vez de nacionales, estoy afectando, en alguna minúscula medida, la geopolítica global. Si veo la Copa Mundo, estoy tolerando la corrupción de la Fifa. Si compro un jugo en la calle en vez del centro comercial, estoy incentivando la evasión de impuestos. Si viajo en avión, estoy contribuyendo al hundimiento de alguna isla-nación en el océano Índico. Etcétera. Pero una cosa es apreciar que todo tiene una dimensión política, y otra, concluir que esa dimensión es la más relevante en cualquier circunstancia. La verdadera profundidad está en la distinción. En las relaciones humanas, la lealtad y el cariño son, por lo general, guías de comportamiento más pertinentes que la política. El mercado, en la mayoría de los casos, adjudica recursos mejor que las decisiones políticas. La religión es, para millones de personas, una fuente de sentido más trascendental que la ideología. La verdad y el conocimiento deben ser los objetivos de disciplinas como las ciencias y el periodismo, por encima de las consideraciones políticas (algo en retroceso en nuestros días). Un mismo ser humano puede ser, a la vez, padre, amigo, vecino, creyente, empleado y científico: la política es un lente harto grosero para entenderlo. Más aun para juzgarlo. La politización de la panela podría provocar resultados subóptimos en múltiples frentes. El comerciante, un hombre pobre, pierde un ingreso que necesita para subsistir. El docente, que se ufana de preocuparse por los pobres, perjudica a un miembro de la clase social que dice defender. Reduce, de paso, su utilidad personal, en el sentido económico, pues ahora tendrá que conseguir el producto en otro lado, quizá más caro o de menor calidad; en cualquier caso, menos convenientemente que en la puerta de su casa. Por fortuna, el efecto búmeran de la viralización del video compensó el perjuicio al vendedor. Por supuesto: el educador está en su derecho, si así lo desea, de endulzar el agua o el café con resentimiento en vez de panela. Pero es importante glosar su lección. Si convertimos todo en una oportunidad para expresar convicciones y desacuerdos políticos, haremos invivible ya no la república, como pretendía Laureano, sino el barrio, la cuadra, la oficina, la tienda, la sala de estar. Bastante tenemos con líderes que dividen y polarizan a la sociedad para ahora convertirnos nosotros también en transmisores de inquina en nuestras comunidades. Los políticos deben ponerse al servicio de la sociedad. No nosotros destruir la posibilidad de una sociedad para ponernos al servicio de ellos. @tways / tde@thierryw.net
Tubo de ensayo
Thierry Ways
Todo tiene una dimensión política, pero eso no implica que sea la dimensión más relevante en toda circunstancia.