La seguridad como foco
Esta agenda fortalece políticamente al Gobierno y ordena al oficialismo, al tiempo que complica y divide a la oposición.
Con el Proyecto de Reconstrucción, en lo sustancial, ya aprobado (solo falta el pronunciamiento del Tribunal Constitucional y terminar la tramitación del veto presentado por el Ejecutivo), el Presidente Kast lanzó su agenda de seguridad, la otra gran promesa de campaña, en un discurso transmitido por cadena nacional. De esta manera, el Gobierno desea corregir el traspié inicial que en esta materia significó el nombramiento y la posterior salida anticipada de la exministra Steinert. El nuevo ministro de Seguridad, Martín Arrau, participó activamente en la formulación de esta Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo (ACOT), y la gran cantidad de iniciativas que incluye da cuenta de la importancia que el Ejecutivo le asigna y de la conexión que busca establecer con la ciudadanía al implementarla.
La ACOT contiene más de 30 proyectos nuevos y 19 que están en trámite, incluyendo una reforma a la Carta Fundamental que busca consagrar el deber de resguardar la seguridad pública como parte de su texto. La variedad de materias contempladas es indicativa de que, para construirla, el Gobierno debió realizar un acucioso trabajo de revisión de las medidas a tomar. Estas incluyen muchos temas que, considerados en su conjunto, apuntan a los problemas más acuciantes de seguridad y delincuencia; otra cosa es, por cierto, el mérito y pertinencia de cada proyecto, que es de esperar sean analizados con rigor durante su tramitación legislativa. No menos relevante es que esta batería de reformas legales corra en paralelo con un esfuerzo sostenido por mejorar la capacidad operativa del Estado en este ámbito, que es donde verdaderamente se juega el éxito de una política de seguridad.
Independientemente de aquello, la discusión de esta agenda permitirá al Gobierno mantener protagonismo e iniciativa durante los próximos meses. Asimismo, podrá ordenar a su coalición en torno a un tema de primera importancia para la ciudadanía, y, simultáneamente, mantendrá la presión sobre una oposición que podría pagar importantes costos políticos si no se decide a apoyarla en lo grueso. Para una izquierda que preparaba su artillería para denunciar una "contrarreforma laboral" del Gobierno a propósito de las iniciativas que buscan introducir necesaria flexibilidad en ese ámbito, la ACOT viene a abrir un frente incómodo, que genera división en sus filas.
En suma, concretar la aprobación legislativa del Plan de Reconstrucción y continuar con una nutrida Agenda de Seguridad fortalece la quilla política del Gobierno, despoja transitoriamente a la oposición de las temáticas de confrontación a las que aspiraba, y confiere al Ejecutivo un camino de avance que no se apreciaba con claridad en sus primeros meses posinstalación.