La grandeza es pensar en Colombia
Se cumple un año de la muerte de Miguel Uribe Turbay y coincide con el final del gobierno de Gustavo Petro
Se cumple un año de la muerte de Miguel Uribe Turbay y coincide con el final del gobierno de Gustavo Petro. Colombia sobrevivió a lo inimaginable. Sobrevivió, pero muchos tuvimos que perder en el camino a quienes más amábamos. Miguel es uno de los cientos de colombianos que en estos cuatro años entregaron la vida defendiendo el país frente a lo que, a mi juicio, ha sido el gobierno más corrupto y más nefasto de las últimas décadas. Su lucha le abrió paso de nuevo a la democracia. Su lucha nos unió. Y gracias a ella hoy existe la posibilidad real de recuperar a Colombia. Miro hacia atrás y veo un año que marcó para siempre mi vida y la de mis hijos. El dolor ha sido constante. Sobrevivir a la muerte de Miguel ha sido un reto y, sobre todo, una decisión: la de vivir con propósito, en paz, y con la ilusión de llevar su legado para que su nombre siga vivo. Por eso hoy veo a través de sus ojos. Veo el país que soñaba, el que quería construir, el que le costó la vida. "Todo comienza con seguridad. Sin seguridad no hay nada", repetía en cada debate. Y veo lo que él tuvo siempre claro: que las causas deben estar por encima de uno mismo, y que construir un país unido requiere grandeza. Veo también todo lo que tengo para agradecer. En pleno duelo vivimos abrazados por una Colombia que lloró a Miguel y que durante sesenta y cinco días se unió en oración. Cadenas de oración en todos los rincones del país. Un solo propósito: la vida de Miguel. Colombia unida es posible. Yo lo viví. Todos lo vimos. Miguel fue ese líder que unía y convocaba, que sabía tejer relaciones justo donde había más tensión. Se sentaba con quien pensaba distinto y salía de ahí con un puente construido. Ese era su don, y es el que hoy más falta nos hace. Todavía me retumba la voz de Alejandro. Tenía cuatro años. Caminábamos por los pasillos de la clínica y me preguntó: "Mamá, ¿será que Dios me deja entregarle mi vida por la de mi papá?". No alcanzo a imaginar el tamaño de su dolor en ese momento. Ese sufrimiento no puede ser en vano. Pienso entonces en la posibilidad enorme que tienen en las manos quienes hoy llegan al poder y quienes desde todos los sectores tienen algo que aportar. La posibilidad de trabajar por Colombia con la grandeza de mirar lo que nos une, que es mucho, y de soltar lo que nos divide, que pertenece al país que estamos dejando atrás. Millones de colombianos llevan años esperando una oportunidad para transformar su vida. Esos colombianos no pueden quedar atrapados en peleas innecesarias entre quienes quieren lo mismo. Cada pelea de esas le resta al sacrificio de Miguel y al de todos los que cayeron defendiendo este país. Solos y desarticulados no será posible. El daño durante estos últimos cuatro años fue incalculable y nos necesitamos todos. Reconciliar a un país dividido exige grandeza, y la grandeza consiste en acercarse por lo que nos une en lugar de distanciarse por los desacuerdos. Necesitamos un liderazgo que convoque, que sume, que tienda la mano primero. El liderazgo se mide por aquello a lo que uno está dispuesto a renunciar por una causa. Y la causa es Colombia. Primero Colombia. Y lo humano por encima de cualquier cálculo. Solo así vamos a reconstruir el país que soñamos, el país por el que Miguel dio la vida. Hoy el reto va mucho más allá de devolverle la viabilidad al país en todos los sectores. Es más grande: devolver la esperanza a un país que dejó de creer, sanar a un país en duelo, encontrarnos en lo fundamental. Es trabajar para que los niños de Colombia crezcan caminando de la mano de sus padres y construyendo con ellos su propia historia, en lugar de escuchar historias sobre quienes fueron sus padres. La tarea es enorme. Es todos juntos y es ahora. Colombia ya demostró que sabe unirse. Lo vimos. Lo vivimos. Ahora nos toca hacerlo para construir. Como decía Miguel, primero Colombia.
El país por el que Miguel dio la vida
María Claudia Tarazona