Dignidad en El Cordobés
La reapertura de El Cordobés, es un acontecimiento que debe celebrarse.
Aparicio Saravia y Cándida Díaz se afincaron en la estancia de El Cordobés en 1876. La leyenda cuenta que Aparicio, a su regreso de la Revolución Tricolor, raptó a Cándida y se la llevó a vivir al campo que pertenecía a su padre Francisco Saravia, don Chico. Las tierras, casi dos mil hectáreas, fueron compradas por don Chico en 1872. Originalmente, en 1810, habían sido divididas por el último gobernador de Montevideo, Gaspar de Vigodet y otorgadas al criollo Juan José Durán, en el afán de poblar la frontera con Brasil. Su segundo dueño fue el primer alcalde de Melo con potestad sobre todo Cerro Largo, Manuel Rollano. Esos campos estuvieron siempre predestinados a tener un protagonismo relevante en el ejercicio del poder.
El nombre de El Cordobés se debe al del arroyo que atraviesa esas tierras. Nace en la Cuchilla Grande en Durazno, para morir en el río Negro. Es también el límite que separa a Durazno y Cerro Largo.
Aparicio y Cándida decidieron afincarse en el lugar y construir su hogar. Allí no demoraron en llegar los hijos, Aparicio (1878), Nepomuceno (1879), Exaltación (1880), Ramón (1882), Villanueva (1884) y Mauro que cerró la descendencia en 1888. Seis hijos que nacieron y se criaron en El Cordobés y que, años más tarde, no muchos, su madre vería partir a la guerra acompañando a su padre.
El paisaje de El Cordobés es extraordinario. En la parte alta del ondulado terreno, Aparicio y Cándida hicieron construir el nuevo casco sobre los cimientos de la construcción original. El resultado fue una casa con paredes de piedra y barro de 80 centímetros de ancho, ventanas y postigos de madera, pisos de baldosas color terracota y de madera. Para los techos, se armó una estructura a dos aguas con tirantes de pinotea y tejas francesas. Al principio Aparicio dispuso que los muros fueran pintados de blanco y las aberturas de celeste. No conforme con el resultado, ordenó que las paredes interiores se volvieran a pintar de blanco con franjas celestes.
En 1880, doña Propicia, la madre de Aparicio, murió. Se fue de este mundo, luego de haber parido 13 hijos y de una vida entregada a la crianza de sus hijos y a colaborar en las tareas más duras del campo. Por sucesión, le correspondió a Aparicio la mitad de El Cordobés, 975 hectáreas.
Durante casi dos décadas, Aparicio gobernó a la mitad de Uruguay desde El Cordobés. A su muerte, la estancia fue heredada por doña Cándida y su hijo Ramón. Muchos años después de fallecida Cándida, el casco de la estancia se convirtió en museo.
Mañana, domingo 16 de agosto, día que se cumplirá un nuevo aniversario del nacimiento de Saravia, el museo El Cordobés, totalmente remozado, será reinaugurado. Fue una prioridad que se impuso el actual Directorio nacionalista. Las tareas insumieron meses de trabajo y fueron financiadas por simpatizantes blancos.
La reapertura de El Cordobés, es un acontecimiento que debe celebrarse porque allí transcurrió una parte importante de la historial del Uruguay, de la mejor historia. Aquella que nos permite sentirnos orgullosos de la libertad y universalidad del sufragio que sustenta a nuestra Democracia. La que nos dice que para que haya regocijo abajo debe haber dignidad arriba.