Domingo, 16 de Agosto de 2026

Los errores de la izquierda en EE.UU.

ChileEl Mercurio, Chile 15 de agosto de 2026

A pocos meses de las elecciones de medio término, el Partido Demócrata enfrenta una paradoja: el malestar con el oficialismo le abre una oportunidad real, pero su propia radicalización amenaza con dilapidarla. Tal vez nada ilustra mejor ese riesgo que lo que está ocurriendo en Nueva York.

Los comicios de noviembre de 2025 para elegir al alcalde de Nueva York no fueron anecdóticos. La ciudad más rica del país más rico eligió a Zohran Mamdani, un joven político del socialismo democrático, potenciando a una nueva generación en el Partido Demócrata, caracterizada no solo por su radicalidad, sino también por su inclinación a ofrecer respuestas sencillas a problemas complejos.
La agenda de Mamdani ha desplazado el debate hacia los altos precios que deben pagar los neoyorquinos en distintos mercados. De ahí se desprenden ideas como el congelamiento de arriendos, transporte gratuito, un salario mínimo muy superior al federal e impuestos más altos a las empresas y a los ingresos elevados, incluidos tributos adicionales para quienes tengan una vivienda valorada en más de un millón de dólares sin residir en la ciudad, iniciativa que hasta ha dado lugar a acciones judiciales.
Por cierto, los altos precios en Nueva York representan un problema genuino. Distintos análisis han advertido el costo de los alimentos básicos y la existencia de "desiertos alimentarios", barrios cuyos residentes están obligados a viajar largas distancias para conseguir productos frescos. Pero, tal como ha ocurrido en Chile durante la última década, frente a problemas reales, los jóvenes políticos "progresistas" están ofreciendo soluciones equivocadas.
El plan de Mamdani para facilitar el acceso a productos básicos contempla la creación de cinco tiendas de propiedad de la ciudad, pero operadas por privados. Es decir, el municipio aporta, sin cobrar, el local y además compensa a los operadores por vender una canasta de unos veinte productos esenciales cerca de un 30% por debajo del precio de mercado. La promesa es un ahorro de alrededor de mil dólares al año para quien compre allí. Las críticas no se han dejado esperar.
Un primer cuestionamiento apunta a la confusión de precio con costo. Y es que reducir artificialmente el precio de un bien en beneficio de un consumidor implica una carga financiera sobre otro contribuyente que deberá pagar mayores impuestos. En otras palabras, no hay nada gratis. Así, la idea de Mamdani no significa un ahorro para la ciudad en su conjunto, sino una redistribución que no discrimina por necesidad: el subsidio beneficia por igual a quien vive al lado de la tienda, tenga o no ingresos altos, mientras las familias vulnerables de otros barrios no reciben beneficio.
El segundo error es más grave, porque desestabiliza al propio mercado que se pretende ayudar. El comercio de alimentos opera con márgenes bajos, por lo que una tienda pública que venda esos mismos productos un 30% más barato no compite: subsidia. Así, esa distorsión generaría pérdidas insostenibles para muchos negocios. El resultado sería exactamente el contrario del buscado: menos oferta, más desiertos alimentarios y, con el tiempo, mayor dependencia de las tiendas municipales.
A ello se suman las patologías clásicas del control de precios. Un bien vendido muy por debajo de su valor genera incentivos para el arbitraje: comprar barato para revender. Sin control sobre quién compra y cuánto, es previsible que aparezca un mercado paralelo. Y como el precio subsidiado no puede sostener el abastecimiento, la experiencia universal de las tiendas estatales implica góndolas que se vacían pronto y estantes desabastecidos. Es una historia repetida, desde Cuba hasta cualquier economía que fije por decreto lo que la escasez encarece.
Pero el punto de fondo es que el proyecto trata el síntoma e ignora la causa. Los precios altos no son la prueba de un "fracaso del mercado", sino, en buena medida, de un fracaso regulatorio. Normas de zonificación heredadas de los años setenta obligan a las grandes cadenas a sortear permisos especiales y votaciones del concejo municipal para instalarse. Estas trabas mantienen artificialmente fuera a supermercados capaces de ofrecer mayor variedad a menor precio en los barrios que más lo necesitan. La respuesta lógica sería remover esas barreras; en cambio, el municipio elige convertirse él mismo en un competidor subsidiado.
Una ideología fundada en el simplismo¿Por qué prospera, entonces, una idea tan frágil? Porque ofrece lo que la buena política económica rara vez puede: una solución sencilla, intuitiva y de efecto inmediato. Es la seducción de la simplicidad.
Lo anterior se cruza con la ignorancia respecto de cómo funcionan los incentivos y las reales dificultades que enfrentan las personas. En este sentido, es interesante notar que el propio alcalde ha descrito su origen como "privilegiado", similar al de muchos dirigentes del Frente Amplio chileno, que también impulsaron un programa radicalizado, confiando en la nitidez del eslogan y sin reparar en las dificultades de su ejecución: la convicción moral sustituye al análisis, y la promesa reemplaza al costo. Las consecuencias las terminan pagando los mismos a quienes se pretendía ayudar.
Quizás lo anterior ha empezado a generar reacciones. Las primarias demócratas de esta semana en distintos estados no entregaron un mandato ideológico único, pero sí una señal. Por ejemplo, en Wisconsin, los votantes, por estrecho margen, rechazaron a una socialista declarada y prefirieron a un candidato más moderado. Tal vez comienzan a advertir que las posiciones más radicales podrían favorecer a los republicanos en las elecciones de noviembre y, eventualmente, en las presidenciales de 2028. Donald Trump ha mostrado saber aprovechar este tipo de circunstancias.
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