Domingo, 30 de Agosto de 2026

Venezuela tan sola

UruguayEl País, Uruguay 29 de agosto de 2026

La incertidumbre invita al silencio del resto del mundo que todavía no tiene claro si realmente cayó el chavismo.

De golpe se instaló el silencio. Hasta hace unos meses la dramática realidad venezolana era tema de discusión constante. Por un lado, estaban quienes condenaban al chavismo (liderado en su segunda etapa por Nicolas Maduro) por considerar que era una dictadura desembozada, liberticida y represiva. Del otro lado estaban quienes entendían que por tratarse de un régimen de izquierda había que defenderlo y justificarlo pese a que toda la evidencia demostraba su carácter despótico.

Después vino esta tercera etapa del chavismo, en manos de la actual presidenta "en ejercicio", Delcy Rodríguez, que aceptó como algo natural el arresto-secuestro de su anterior jefe Nicolás Maduro y, sin que el régimen perdiera continuidad, se puso a las órdenes del presidente norteamericano Donald Trump. En resumidas cuentas, cayó el dictador pero la dictadura continúa.

Esto causó desconcierto en todos los bandos involucrados y explica en parte el silencio que, al menos en Uruguay, se extendió en uno y otro lado. Los que hubieran celebrado la caída de una dictadura que parecía eternizarse, debieron contenerse en la medida que aún sin Maduro, todo siguió como estaba.

Y los que hubieran condenado la intromisión violenta de Estados Unidos para detener a quien consideraban un prócer del socialismo siglo XXI, debieron reorientar su postura al comprobar que el régimen que ellos favorecían continuaba. La vociferante defensora del chavismo que fue vicepresidenta y mano derecha de Maduro, pasó a ocupar la presidencia en acuerdo con Trump sin que se le mueva un pelo.

Hay días que es muy dócil al gobierno norteamericano, hay días que mantiene la retórica chavista allí donde conviene mantenerla.

Lo ocurrido no figura en ningún manual. La caída de un dictador, por el método que sea, suele dar comienzo a un sostenido período de transición hacia la democracia recurriendo a los líderes que hasta entonces fueron perseguidos, encarcelados o exiliados. Eso no ocurrió en Venezuela.

Hay un proceso de liberación de presos políticos pero es exasperantemente lento. Y a los pocos que fueron liberados no parece que se les da un rol protagónico para buscar una salida democrática.

Los exiliados siguen en su exilio. Leopoldo López en España y Juan Guaidó en Estados Unidos. María Corina Machado, que vivió en la clandestinidad hasta que en diciembre del año pasado salió del país sin ser detectada para recibir el premio Nobel de la Paz en Oslo, no ha podido reingresar a Venezuela. Esto demuestra que ni Estados Unidos ni el régimen chavista están pensando en una salida democrática en el corto plazo, y en caso de hacerlo (ya hay tibias conversaciones preliminares), no muestran intención de querer hablar con algunos de los obvios "interlocutores válidos".

Lo que está pasando en el mundo, y no solo en Venezuela, es desconcertante. Por un lado, al presidente Trump poco le importa atenerse a los manuales de buenos modales, tanto adentro de su país como en sus relaciones con el resto del orbe. Lo de Canadá es un ejemplo que impresiona. Ante esa realidad, los líderes de otras naciones le responden con la diplomacia clásica y según las pautas tradicionales, las únicas que conocen. Por lo tanto, son pautas que perdieron vigencia.

Dentro de la tendencia a manejarse por fuera de las reglas, entra lo de Venezuela. Lo que realmente le importó a Trump fue resolver el tema energético. Respecto a un eventual retorno a la democracia ya ha dicho que Venezuela no está pronto para ella. Antes, a comienzos del siglo, los populistas de izquierda despreciaron la democracia. Ahora, esta nueva ola populista también muestra total indiferencia hacia ella. Por eso aparecen hechos inquietantes que no responden a la vieja lógica en un mundo que se siente desorientado y donde no hay una nueva lógica que la remplace.

Delcy Rodríguez dice entenderse con Trump y éste más de una vez la ha elogiado. Algunas cosas cambiarán en Venezuela, pero no muchas y no todas vinculadas a un rápido retorno a un Estado de Derecho.

Así como Trump se entiende con Delcy, se muestra muy frío con Corina Machado. Parece obvio que cualquiera sea su plan para Venezuela, no está pensando en incluir a la figura política que llegó a tener la más fuerte adhesión popular en su país. El contundente triunfo en 2024 de Edmundo González Urrutia, en realidad fue la gran victoria de Machado, que al ser impedida su candidatura promovió la de Urrutia.

Golpeada por el reciente doble terremoto, Venezuela está atrapada por un destino incierto y la frustración de no poder salir de la trampa en que entró de la mano de Hugo Chávez, hace ya un cuarto de siglo.

La incertidumbre invita al silencio del resto del mundo que todavía no tiene claro si realmente cayó el chavismo o si lo que hay es su tercera edición, aunque esta vez sujeta a lo que Trump disponga, al menos en algunos temas. Eso solo conduce a aislarla aún más, con lo cual se sigue profundizando su interminable drama.
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