Lunares de la Patria Milagro
Llevamos menos de 100 días de gobierno de Abelardo De La Espriella
Llevamos menos de 100 días de gobierno de Abelardo De La Espriella. Y las improvisaciones han formado parte visible del prematuro balance de la Patria Milagro. A pesar de todo lo mal que arrancó la realidad del país, agobiado por los problemas que traía de la era Petro y sumados al terremoto, el Presidente dio todas las señales adecuadas de que comprendía la dimensión de la tragedia y se ponía al frente para manejarla. Al mismo tiempo se produjeron otras buenas señales como el reinicio de la captura de peligrosos capos. También comenzó a destaparse la cadena de corrupción que imperó en la era Petro; y ahora se estudia cómo reversar la política energética suicida que tiene al país al borde del apagón. Pero al mismo tiempo, se han cometido ciertos errores no forzados que comenzaron a destapar los lunares. El más grave, improvisación en varios frentes. Terminar finalmente gobernando en la Casa de Nariño en Bogotá, y no en la de dry wall de Barranquilla, como debió ser desde el principio por lógica administrativa, y después de tamaño pereque que dio ese desplazamiento, indica que no todo lo que quiere Abelardo puede hacer Abelardo. Simultáneamente, también por improvisación, fueron escogidas unas personas para altos cargos del Estado que no gustaron en sus huestes. Los casos saboteados más sonados fueron el de Carlos Sepúlveda, que, me huelo, había sido señalado por el ‘vice’ José Manuel Restrepo debido a viejos vínculos rosaristas y, desde luego, por sus capacidades. Pero su nombramiento en el DPN no pasó de un decreto borrador y la razón más plausible es que sus circunstancias familiares reñían con cierta filosofía moralista del Gobierno. El otro caso es el de Carolina Soto, escogida de una lista que la tenía en el segundo lugar de favoritas hasta que se volvió la opcionada cuando María Consuelo Araújo, que se había posesionado en febrero, aceptó la embajada de EE. UU. El día anterior Soto había sido apoyada unánimemente por la junta y apenas un día después le pidieron ponerse al costado. Analistas concluyeron que era porque su esposo, Alejandro Gaviria, había colaborado con dos gobiernos que no son del gusto del Tigre, los de Santos y Petro. Pero por ahí no es. Algo más tuvo que pasar en el intermedio (¿grupismo gremial?), porque Gaviria terminó siendo el mayor crítico de Petro y la escogida directora de Planeación, Tatiana Orozco, ocupó altos cargos durante el gobierno Santos. Muy particular que la junta del gremio de la infraestructura hubiera soltado de manera tan brusca a Soto. El Gobierno consideró su designación una afronta, y no nos digamos mentiras: los gremios económicos no quieren andar de pelea con un presidente, así románticamente se diga que deben mantener su independencia del Gobierno. La razón de su existencia es que manejen esa relación en los mejores términos a través de sus voceros. Siempre ha sido así y lo será. Pero en el caso de Carolina hubo algo igualmente raro: que se cayó otra Carolina, escogida como la vocera del Gobierno. La segunda, de apellido Gómez, fue quien, cumpliendo no se sabe órdenes de quién, fue la que dio el primer timbre de que Soto no debería ser la escogida porque no tenía "cercanía alguna con el Gobierno", y de esa equivocación responsabilizó a la junta de la CCI. Y ahí aparece otro lunar: la falta de formas. Han brillado por su ausencia desde el primer día de la Patria Milagro y se ha despreciado el protocolo. Por ejemplo, dejaron a reyes y presidentes viendo la posesión por televisión, para que De La Espriella cumpliera su promesa ante una base militar. Igualmente, haber despreciado un buen nombre de un posible colaborador aparentemente por su orientación sexual, o hacerlo con una mujer de las capacidades de Soto por supuestamente estar casada con Alejandro Gaviria, abre la compuerta de un sistema de vetos radicales de este gobierno, que no conviene al país y que, a la larga, termina devolviéndose como boomerang . Hasta se entiende que a Abelardo no se le pase por la cabeza llamar a colaborar con su gobierno a un Guillermo Alfonso, a un Germán Ávila, a un Sanguino, a un Iván Velásquez, a un Daniel Rojas, a una Corcho, o a un "ministro persona marica", que llegó ahí por serlo y no por méritos. Pero hay gente experimentada, talentosa, preparada, que no se debe despreciar por no ser abelardista "purasangre". Porque terminan cometiéndose improvisaciones que producen errores innecesarios. Y se afecta la credibilidad del Gobierno, en momentos en que se presenta un presupuesto de la nación por $ 634,9 billones con un incremento de $ 60 billones frente al de la administración saliente; sin duda Miguel Gómez, como ministro de Hacienda, sabrá capotearlo. Pero sobre la base de que el país mantenga la credibilidad en su gobierno y no la descuide por irrespetar las formas o andar improvisando.
Errores no forzados
María Isabel Rueda