En torno a lo que es prioritario respecto al fin de la vida
De entrada me pregunto qué significa el mérito, dado que todos actuamos en nuestro interés personal
De entrada me pregunto qué significa el mérito, dado que todos actuamos en nuestro interés personal. En realidad se trata de una perogrullada, puesto que naturalmente la acción voluntaria siempre está en interés de quien la lleva a cabo. Esto es así independientemente de si el propósito es noble o ruin. Está en interés del padre Pedro Opeka el cuidar y capacitar a cientos de personas en Madagascar y estaba en interés de Al Capone consolidar sus crímenes, incluso al masoquista le interesa el sufrimiento, el que da la vida por un amigo es porque de todas las posibilidades esa es la que más valora, y así todas las acciones. Por eso en este plano uno de los malentendidos más frecuentes se conecta con la expresión "especular" a la que se suele asignar un sentido peyorativo, cuando en verdad no hay acción sin especulación, es decir, la estimación de un paso con la intención de mejora del sujeto actuante, siempre desde su perspectiva. Cuando se alude a acciones desinteresadas, habitualmente se apunta a las que no requieren contraprestación monetaria pero prevalece el interés en la conducta.
La respuesta al interrogante de marras reside en que todos estamos sometidos a la posibilidad de encarar una buena acción o una mala, por tanto la respuesta estriba en que el mérito consiste en ejecutar la buena y rechazar la mala.
Una vez despejado este interrogante es menester comprender que como un sine qua non -de allí prioritario- de nuestros individuales, múltiples y variados proyectos de vida y actividades es menester que prime el respeto recíproco, esto es, que no se invadan derechos individuales, para lo cual lo primero es estudiar cuales con los valores y principios que dan sustento a esta conclusión vital. Es irrelevante la ocupación de cada uno, todos estamos interesados en que se nos respete, por tanto esta faena abarca a la totalidad de los mortales, cada cual en su metro cuadrado, sea este estrecho o amplio. No podemos actuar como si estuviéramos en una inmensa platea responsabilizando a los que estén en el escenario, todos somos corresponsables. A mis alumnos les sugiero que antes de acostarnos a la noche nos preguntemos qué hicimos durante la jornada para que nos respeten, si la respuesta es "nada" no tenemos derecho a la queja. Esto en cuanto a las relaciones interpersonales, en lo relativo a lo intrapersonal es incumbencia de cada cual pero para ser consistente debe apuntarse al autoperfeccionamiento.
En este sentido, Santo Tomás de Aquino nos explica que el fin o el sentido de la vida es amar a Dios (la beatitud), lo cual se traduce en amar la Perfección, a saber, el referido autoperfeccionamiento. Un tránsito aun a sabiendas que la perfección no está al alcance de los mortales. Para encaminarnos en esa ruta se torna inexorable operar en tres avenidas: primero conocer los caminos o valores compatibles con esa dirección y objetivo, segundo su difusión a los allegados y a todos los dispuestos a escuchar, sean de la familia que constituimos, amigos, vecinos, alumnos, lectores y equivalentes. Y tercero el mencionado ámbito de lo intrapersonal. De este modo cumplimos con lo propio e intentamos mejorar lo que está a nuestro alcance. La vida nos pone una prueba corta a la que al final de nuestra existencia debemos responder en otra dimensión.
Esto último se sustenta, por una parte, en la refutación al materialismo filosófico y por otra en la presencia ineludible de una Primera Causa. Lo primero deriva del hecho de que si fuéramos solo materia, es decir solo kilos de protoplasma, nuestros dichos y acciones estarían determinados por los nexos causales inherentes a la carne y al hueso. En esa situación no habrían ideas autogeneradas, no podríamos revisar nuestros juicios, no habría tal cosa como proposiciones verdaderas o falsas, ni responsabilidad individual, moral, libertad ni libre albedrío. Tenemos mente, psique o estados de conciencia (tres sinónimos según el maestro que explique el fenómeno sobre el que estamos elucubrando).
La otra dimensión alude a Dios: si fuéramos en regresión ad infinitum no podríamos existir, no resulta posible concebir la existencia sin una Primera Causa, reiteramos que en su ausencia no hay posibilidad de vida. Recordemos que la conjetura del Big-Bang fue desarrollada en 1931 por el sacerdote belga Georges Lemaitre. De esa explosión inicial derivaría todo lo contingente (que puede estar o no estar) pero es ineludible lo necesario que antecede a lo contingente. Este es un asunto puramente racional y no de mera creencia. Por eso es que Juan Pablo II critica el "fideísmo" que implica abandonar la facultad de pensar, característica esencialísima del ser humano. Por eso es que cuando le preguntaron a Carl Jung si creía en Dios respondió: "No creo en Dios, sé que Dios existe". La fe apunta a lo que el imperfecto no puede conocer del Perfecto, son tópicos tales como preguntas sobre si el universo es finito o infinito, ya que cualquier respuesta nos presenta dilemas, o el porqué de la creación y no la nada, o por qué algunos nacen en familias bien constituidas en países civilizados y sin graves defectos físicos y otros no. Estos últimos ejemplos abarcan lo que se conoce como "el problema del mal" sobre lo único que atinamos a afirmar es que la contracara de toda ausencia del mal es el estado de perfección lo cual conduciría a la insostenible postura de dos dioses, lo cual es a todas luces un imposible lógico, ya que por definición solo uno cuenta con los atributos máximos. Por otro lado, como es sabido, la materia se corrompe con la muerte, no así lo espiritual o no material.
La meta entonces en el carril interpersonal es respeto, y no digo "tolerancia" por dos motivos: porque ese término acarrea cierto tufillo inquisitorial de arrogancia asumiendo errores de terceros, y porque los derechos se respetan, no se toleran. En este contexto se libera la mayor dosis de energía posible para el logro del mayor bienestar moral y material sin que los aparatos estatales succionen coactivamente el fruto del trabajo ajeno en un camino abierto a nuevos paradigmas, ya que como reza el lema de la Royal Society nullius in verba que, como entre otros, señala Ernst H. Gombrich, significa que no hay palabras finales, ya que el conocimiento no es un puerto sino una navegación permanente. En segundo término, lo consignado sobre el radio intrapersonal que remite a valores internos de cada cual que serán atendidos en la medida en que otros quieran escuchar, intercambiar y debatir.
En otros términos, nuestro pasar por el mundo no debe verse como un pasatiempo accidental sino con propósitos nobles de mejora personal y contribuciones para el mismo cometido respecto de nuestros semejantes. La felicidad no es algo abstracto y etéreo ni debe buscarse en distracciones y simulacros fuera de los antedichos valores de respeto recíproco y autorrespeto. La felicidad es el deber cumplido que tiene muy variadas facetas y corredores dependiendo de cada uno pero siempre sobre la base de los referidos ejes centrales.
Tal vez el lector apruebe que cierre esta nota con una línea de J. K. Rowling en Harry Potter y la piedra filosofal: "Para una mente bien organizada, la muerte no es más que la próxima gran aventura."