De las Gemelas a hoy
No sé dónde estaba usted, querido lector, el martes 11 de septiembre de 2001, porque era martes, me acuerdo como que hoy es sábado, a las 8 a
No sé dónde estaba usted, querido lector, el martes 11 de septiembre de 2001, porque era martes, me acuerdo como que hoy es sábado, a las 8 a. m., día fatídico del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York. Yo llamé al codirector de EL TIEMPO, don Rafael Santos. Y hablábamos del primer impacto cuando ocurrió el segundo, en vivo y en directo. "Es terrorismo, nos vemos en el periódico", dijo, y quedé hablando solo. Lo que siguió fue terror puro, un mundo más prevenido y miedoso. Recuerdo la imagen de Bush, que estaba tranquilo, en una escuela de primaria —nunca es tarde— en Sarasota, Florida, leyendo con 18 niños pequeños, hoy de unos 35. Qué impresión cuando recibió la noticia en secreto, como quien recibe un golpe en las gemelas. Porque eso nos dieron los terroristas de al-Qaeda a todos en el orbe. Un golpe bajo, que aún nos duele. Es que el mundo de hoy es violento y demencial. ¿En qué cabeza cabe secuestrar aviones repletos de gente inocente, mañanera y feliz, para estrellarlos contra unas torres donde más gente inocente comienza a trabajar? Todo por venganza y causar terror con miles de muertos. Y lo que siguió fue una restricción de libertades que continúa en el mundo, donde casi todos nos volvimos sospechosos por la pinta, la barba, la nariz, el pasaporte, el idioma, el acento o el color de piel. Hoy continuamos ojo por ojo y muerto por muerto. El 24 de febrero de 2022, un jueves, lo recuerdo como que hoy es sábado, la Rusia en la que manda Putin, que quiere dárselas de ser el más putín de la historia, atacó a Ucrania. Por ambición, por tierra, como si no supiera que a todos al final de la vida nos toca apenas un metro o menos. El diario El País de España apunta —no digamos apunta hablando de guerra—, estima en 450.000 muertes de soldados rusos. Cifras tales o más, entre los valientes ucranianos. La Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos habla de 16.874 civiles muertos en Ucrania. Una putinada. Y el 7 de octubre de 2023, sábado, lo recuerdo como que hoy es sábado, los de Hamás y la Yihad Islámica perpetraron un brutal ataque contra Israel. Mataron a unas 1.200 personas, bailarinas muchas de ellas, ese día, y secuestraron unas 250. Entonces se vino la guerra en la Franja de Gaza, donde según el Ministerio de Sanidad Palestina han sido asesinadas 73.670 personas, miles de niños. Y ahí vamos, toma y daca. Muerto por muerto. El pasado 28 de febrero, sábado, lo recuerdo como que hoy es día tocayo, Estados Unidos emprendió un ataque a gran escala contra Irán. Medios iraníes hablan de casi 3.500 muertos ya. ¿A dónde irán los muertos? ¿Quién sabe a dónde irán?, cantó Marbelle. Los del mundo y los de Irán, ¿a dónde irán? ¿Habrá sobrecupo en el cielo? Lo fundamental sería que se aprendiera de las desgracias. Que los dirigentes del mundo piensen que las guerras no solucionan nada. Nadie gana, aparte de los vendedores de armas. Pero no, la diplomacia también parece herida. Todos los días se mata gente como pollos. Aquí también hay cada año entre 13.000 y 14.000 homicidios. Urge parar este desangre terrenal. De La Espriella está en la lucha ahora, con las Fuerzas Armadas retomando la ofensiva. Y hasta se piensa que la gente se ayude a defender. El Presidente mediante el Decreto 1338 largo dio de baja al 1482, que suspendía por un año el porte de armas. Unos dicen que bien, que los asesinos andan armados, y los buenos, indefensos. Que tenemos derecho a la defensa. Otros dicen que es un tiro en el pie, justicia por mano propia. Es un debate de alto calibre. Lo ideal es que no nos dejen solos ante el hampa, que impere el orden y desarmar a los violentos. Porque ellos no tienen salvoconducto ni compasión. Y atacar el mercado negro. Además de desarmar los espíritus, hasta que un día el porte no importe. luioch@eltiempo.com
El arca de Noé
Luis Noé Ochoa