"Incertidumbre radical"
Hay que estar preparados para un tiempo en que no habrá ningún tipo de orden.
"El mundo es un caos, ¿qué viene después?". Cito la frase del politólogo Adam Tooze, en medio del álgido debate desatado entre los internacionalistas sobre la actual anarquía global. Todos coinciden en que el viejo orden mundial basado en reglas está muerto, son demasiadas las evidencias. Ya vivimos una nueva era, más caótica, fragmentada, sin normas claras, sin respeto por las antiguas, con las alianzas rotas o casi, y otras nuevas que emergen entre naciones revisionistas, con los mercados globales interrumpidos y una creciente inestabilidad financiera, mientras EE.UU. pierde el liderazgo y Naciones Unidas es totalmente intrascendente. Sobrevivir en esta nueva realidad es el desafío de todos los países, y en especial de los que, como Chile, son incapaces de influir en la definición de una nueva estructura internacional que ofrezca certezas y estabilidad.
Como vivimos en lo que la historiadora Margaret MacMillan llama una "incertidumbre radical", en medio de una transición entre dos sistemas, habría que esperar un largo período de volatilidad y vulnerabilidad, sin mucho optimismo de que se eviten conflictos de distintas dimensiones. "Una guerra mundial no es inevitable, asegura, pero la amenaza de una está más cerca que nunca desde 1946". Leyendo el ensayo de Mark Leonard, en Foreign Affairs, se siente también el pesimismo pero cierto alivio de que, a pesar del caos descrito, sostenga que aún se podrían salvar algunos elementos del orden actual para crear otro más adecuado a la época. Hay que estar preparados para enfrentar un tiempo en que no habrá ningún tipo de orden; por tanto, dice Leonard, los países deben desarrollar respuestas "flexibles y artesanales" para cada evento, y no esperar que se construya una "arquitectura universal" completa, porque en estas circunstancias es imposible hacerlo. Leonard predice conflictos y crisis recurrentes, con actores internacionales usando métodos que eran inaceptables para derrotar a un adversario, sea bélico o comercial. No muy diferente, creo, a lo que ya vemos, como ataques a civiles o aranceles arbitrarios.
En este mundo cambiante y competitivo, la capacidad tecnológica y de innovación aparece como un elemento crucial para la fortaleza de los países y, según Rush Doshi, de la Universidad de Georgetown, sería más importante incluso que el poder militar y el control territorial. Coincide con él Hal Brands, que en Foreign Policy asegura que quienes dominen la IA y las cadenas de producción militar serán los vencedores en una competencia despiadada.
La recomendación de Leonard: los países deben defenderse a sí mismos, no depender de las superpotencias, fortalecerse militar y tecnológicamente, y formar alianzas o acuerdos específicos para solucionar crisis puntuales, porque no pueden esperar que nuevas reglas globales vengan a salvarlos. No sé si es factible navegar la nueva era con esa receta. Parece realista, pero no cualquier país puede implementarla. Hay otras que habría que analizar.