Los ‘ninis’ frenan productividad a largo plazo y el PIB potencial
Las alarmas sobre el futuro económico se acaban de encender tras la publicación de un análisis del Banco de la República, que revela cómo el fenómeno de los jóvenes que no estudian ni trabajan, conocidos popularmente como ‘ninis’, tiene serios efectos en el engranaje productivo del país
Las alarmas sobre el futuro económico se acaban de encender tras la publicación de un análisis del Banco de la República, que revela cómo el fenómeno de los jóvenes que no estudian ni trabajan, conocidos popularmente como ‘ninis’, tiene serios efectos en el engranaje productivo del país. Según el estudio, esta situación frena de manera directa la productividad a largo plazo y el potencial de expansión del PIB. La investigación expone una preocupante vulnerabilidad estructural que compromete la riqueza productiva del país. Para comprender la magnitud de este fenómeno macroeconómico, es necesario analizar el comportamiento histórico registrado entre los años 1984 y 2024. A pesar de los múltiples avances en materia de reducción de pobreza y de cobertura educativa básica alcanzados durante las últimas cuatro décadas, las tasas de inactividad juvenil se mantienen estancadas, evidenciando graves cuellos de botella que impiden al país aprovechar su capital humano en las etapas más críticas del desarrollo económico. El estudio detalla que la proporción de jóvenes entre los 15 y 24 años en esta condición se ubicó en el 18,2% durante el año 2024 al considerar las siete principales áreas metropolitanas del territorio nacional. Sin embargo, al observar el total de la nación, la cifra asciende de manera preocupante hasta el 23%, lo que confirma que las zonas rurales y las ciudades intermedias sufren un rezago mucho más profundo frente a los centros urbanos principales. Esta realidad posiciona a Colombia en una situación de clara desventaja frente al panorama internacional, duplicando con amplitud el promedio registrado por los países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. Incluso, la tasa nacional multiplica hasta por cinco los indicadores reportados por naciones con economías consolidadas como Noruega o los Países Bajos, dejando al descubierto una falla estructural persistente en la transición de las nuevas generaciones hacia la formalidad. El salto más peligroso en la trayectoria de los jóvenes ocurre en el intervalo comprendido entre los 16 y los 18 años, momento en el cual la probabilidad de transicionar hacia la inactividad experimenta una fuerte aceleración que eleva el riesgo desde un 5% inicial hasta alcanzar el 22%. Este comportamiento coincide plenamente con la salida del sistema de educación secundaria básica y media, donde los jóvenes chocan de frente contra barreras financieras y de acceso. Las restricciones de liquidez en los hogares se convierten en el principal motor de esta problemática, generando una profunda desigualdad que se refleja en los extremos de la distribución económica. Mientras que los jóvenes pertenecientes al 20% de mayores ingresos registran una tasa de inactividad marginal cercana al 5%, aquellos situados en el 20% de menores ingresos sufren una incidencia masiva que trepa hasta el 40%. Esta profunda asimetría económica perpetúa un ciclo de exclusión que impide la acumulación adecuada de capacidades técnicas y cognitivas en la base de la pirámide poblacional. Como resultado directo de esta dinámica, el mercado laboral desaprovecha una masa crítica de trabajadores potenciales, limitando de forma drástica la eficiencia agregada del factor trabajo y restando dinamismo a la innovación y al crecimiento de la productividad total de los factores. Los ciclos macro La investigación económica subraya que los ciclos macroeconómicos adversos amplifican de manera violenta estos desequilibrios estructurales en el mercado de trabajo. Las crisis históricas experimentadas por la economía colombiana en los años 1999 y 2020 dispararon los niveles de inactividad juvenil hasta los picos del 27% y el 24%, confirmando que las recesiones golpean con mayor crudeza la frágil estabilidad de los nuevos participantes laborales. El análisis longitudinal de cohortes sintéticas permite comprobar que la inactividad durante la juventud no constituye una etapa transitoria inofensiva, sino que deja una profunda huella productiva en el tiempo. Haber permanecido en la condición de inactivo entre los 16 y los 22 años genera una cicatriz laboral imborrable que castiga severamente el desempeño económico de los individuos cuando alcanzan la madurez entre los 36 y los 42 años de edad. En el caso específico de los hombres, este fenómeno se traduce en una menor tasa de ocupación efectiva y en una persistente propensión hacia el desempleo durante su adultez productiva. Por su parte, las mujeres experimentan una reducción significativa en sus probabilidades de acceder a un empleo asalariado formal, lo que limita su autonomía financiera y profundiza las brechas históricas de género dentro del mercado de trabajo nacional.