Sábado, 19 de Septiembre de 2026

La Fed reafirma su independencia

ChileEl Mercurio, Chile 19 de septiembre de 2026

La Reserva Federal de EE.UU. (Fed) elevó su tasa de referencia por primera vez en más de tres años. El alza responde a una inflación que no cede y confirma que la presión política no ha alterado el juicio de la autoridad monetaria.

Hace seis meses, las proyecciones de los propios miembros de la Fed apuntaban a recortes en la tasa de interés durante 2026 y 2027. Una guerra en Medio Oriente y un petróleo disparado cambiaron ese panorama. El miércoles, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por su sigla en inglés), que define la política monetaria estadounidense, elevó en un cuarto de punto la tasa de fondos federales, llevándola a un rango de entre 3,75% y 4%. Dicha tasa es la referencia para el costo del crédito en toda la economía. No había habido un alza desde julio de 2023.
Dos hechos recibieron especial atención. El primero es que la decisión fue unánime, con doce votos a favor y ninguno en contra. El segundo es que no sorprendió: tras las señales que entregó a fines de agosto el presidente de la Fed, Kevin Warsh, y luego de sucesivos registros de inflación elevados, el mercado asignaba al alza una probabilidad superior al 90%.
Inflación persistente y empleo firmeEn cuanto a los fundamentos de la decisión, el breve comunicado del comité advierte que la inflación permanece elevada. Warsh agregó, en su conferencia de prensa, que lo ha estado por demasiado tiempo.
Las cifras de la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS) respaldan ese diagnóstico. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) subió 0,4% en agosto, acumulando un alza de 3,4% en doce meses, igual que el mes anterior. La gasolina explica más de un tercio de la variación mensual, y el componente de energía acumula un aumento de 16,3% en un año. La inflación subyacente, que excluye alimentos y energía y es una mejor lectura de la tendencia, se ubicó en 2,4% anual, levemente por debajo del registro de julio, pero aún por sobre el objetivo de política (2%).
Esta composición es relevante, pues da cuenta de un shock de oferta asociado al conflicto con Irán, al que se suman los efectos rezagados de los aranceles. Y si bien las autoridades monetarias no necesariamente reaccionan a estos fenómenos -la tasa de interés nada puede hacer frente al precio del crudo-, la duración de la presión inflacionaria explica la respuesta. Es que mientras más se prolonga el encarecimiento de la energía, mayor es el riesgo de que se traspase a las expectativas y, desde ahí, al resto de los precios. Pesa también la memoria de la pospandemia, cuando la Fed reaccionó tarde. Las nuevas proyecciones del comité anticipan que la inflación cerraría 2026 en 3,7% y solo convergería a la meta de 2% hacia 2029.
El mercado laboral otorga el espacio para actuar. El informe de empleo del BLS muestra que en agosto se crearon 162 mil puestos de trabajo, muy por sobre el promedio de 31 mil de los doce meses previos. La tasa de desempleo se mantuvo en 4,1%. Así, dado que el mandato de la Fed es dual (debe velar tanto por la estabilidad de precios como por el máximo empleo), el costo de concentrarse en la inflación es acotado.
En cuanto a nuevas alzas, el llamado dot plot , o gráfico de puntos, en que cada participante del FOMC indica dónde estima que debiera ubicarse la tasa al cierre de cada año, ofrece claves. De los 18 integrantes, 12 anticipan un alza adicional de un cuarto de punto antes de fin de año, cuatro prevén dos y solo dos consideran que el ajuste está completo. Para 2027 el cuadro es más dividido, con ocho miembros que ven otra alza, seis que mantendrían la tasa y cuatro que proyectan recortes. Pero este gráfico no es un plan ni un compromiso: basta recordar que en marzo el mismo instrumento apuntaba a recortes. Una segunda alza es probable, pero no segura, y dependerá en buena medida de lo que ocurra con la energía.
La molestia de TrumpSolo dos horas después del anuncio, el Presidente Trump exigió públicamente una reducción rápida de las tasas, sosteniendo que debieran ubicarse en 1% o menos. No es una postura nueva. Durante meses el mandatario presionó al anterior presidente de la Fed, Jerome Powell, para que redujera tasas. El Departamento de Justicia incluso abrió una investigación en su contra, que luego fue cerrada.
Warsh fue nominado por el propio Trump y asumió tras expirar en mayo el mandato de Powell. Que el primer movimiento bajo su conducción haya sido un alza unánime es señal de que el comité decide en función de los datos y no de las preferencias del Ejecutivo. Ello habla bien de la solidez institucional de la autoridad monetaria, cuya credibilidad es lo que permite mantener ancladas las expectativas.
Las implicancias financieras ya son visibles. Las tasas de mercado venían incorporando el nuevo escenario. Y como de ellas depende lo que pagan hogares y empresas por su deuda, el encarecimiento se extiende a toda la economía. El escenario es incómodo para la administración Trump. Ad portas de las elecciones de medio término, los salarios, según el BLS, crecen 3,1% anual, por debajo del IPC, de modo que el poder adquisitivo de los trabajadores se deteriora. Seguir presionando a la Fed no resolverá el problema, pero el Ejecutivo sí tiene herramientas para contribuir a normalizar la economía. Un menor gasto público y una reducción del déficit fiscal moderarían la demanda agregada, aliviarían la presión sobre las tasas largas y facilitarían el trabajo de la autoridad monetaria, acortando el camino hacia una menor inflación y, con ello, un menor costo del crédito. O, para decirlo con otras palabras: las tasas bajas que Trump reclama se consiguen con disciplina fiscal.
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